En Cinta Sábado, 18 febrero 2017

Aquí puedes escuchar las 5 bandas sonoras nominadas al Oscar 2017

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Escribe: Rafael Flores Figueroa

Antes de la aparición de la primera cinta sonora en 1927, “El cantante de jazz”, el cine ya era acompañado por música. Como se sabe, un pianista solía ensayar melodías en base a lo que mostraba la imagen, con la intención de acentuar el poder dramático de la acción. La misma dinámica se mantiene hasta el día de hoy, con la diferencia que ya no es improvisada y efímera, sino planeada, grabada y también premiada. Esos músicos anónimos de antaño hace tiempo que dejaron de serlo, y muchos de ellos han logrado que sus composiciones excedan incluso el propio alcance de la imagen para la cual fueron concebidas. Es el caso, por ejemplo, de los violines chirriantes que creara Bernard Herrmann para «Psicosis»: algunas personas quizá no hayan visto la cinta, pero por supuesto que les resulta terriblemente familiar la melodía principal que acompaña el asesinato de la mujer en la ducha.

En el caso de los premios de la Academia, recién se incorporaría la categoría de mejor banda sonora en su séptima iteración, allá por 1935. Desde ese año hasta hoy hemos visto pasar por la premiación a infinidad de auténticos artistas sonoros, compositores capaces de abstraer el aura de la imagen y convertirla en aire y armonía. Esta edición no podría ser lo contrario, y si bien toda selección involucra una discriminación mezquina aunque inevitable (yo hubiera incluido a Abel Korzeniowski por «Nocturnal Animals», Cliff Martinez por “The Neon Demon”, Mark Korven por “The Witch” y Jóhan Jóhannsson por “Arrival”), por ahora están los que están y son los que son, y toca echarles un vistazo y varias escuchas.

El artesano consumado: Thomas Newman por “Passengers”

Otros trabajos de composición destacables: “Buscando a Dory” (2016), “Wall E” (2009) y “Buscando a Nemo” (2004) de Andrew Stanton; “Puente de Espías” (2015) de Steven Spielberg; «Skyfall» (2013) y “Belleza americana” (2000) de Sam Mendes; “Side Effects” (2013) y “Erin Brokovich” (2000) de Steven Soderbergh; “Ángeles en América” (2005) de Mike Nichols; “El hombre de los caballos” (1998) de Robert Redford; “Mad City” (1997) de Costa Gavras ; “The Shawshank Redemption” (1995) de Frank Darabont.

Antecedentes en el Oscar: Es uno de los engreídos de la Academia, con más de diez nominaciones en su haber. No es para menos, ya que se trata de un compositor versátil y eficiente. Sin embargo, nunca se ha llevado la estatuilla.

Posibilidades: Hijo del legendario compositor y nueve veces ganador del Oscar, Alfred Newman (“Cumbres borrascosas” (1939) de William Wyler; “¡Qué verde era mi valle!” (1941) de John Ford; “Eva al desnudo” (1950) de Joseph Mankiewicz). Al igual que su padre, es un nombre que se baraja frecuentemente en las distintas galas y premiaciones. Esta vez es nominado por un trabajo que lo devuelve al terreno de la ciencia ficción. Ya con “Wall E” tuvo la oportunidad de explorar territorios etéreos e ingrávidos. En esta oportunidad aprovecha el clima aventurero, desprovisto del slapstick y la calidez de su anterior ensayo espacial, para elaborar atmósferas electrónicas, de una quietud ondulada y con intervenciones ululantes y metálicas. Es un trabajo sutil y de clave baja, que busca replicar la llanura deshumanizada de la vastedad galáctica, y por eso no se llevará el premio, ya que la Academia suele favorecer composiciones de factura tradicional, con momentos de emoción rimbombante. También le resta posibilidades el hecho de que la película haya sido tan mal recibida por crítica y público.

La vanguardista: Mica Levi por “Jackie”

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Otros trabajos de composición destacables: “Under the Skin” (2014) de Jonathan Glazer; toda su obra musical publicada junto a su banda bajo el alias Micachu and the Shapes / Good Sad Happy Bad.

Antecedentes en el Oscar: Esta es su primera nominación.

Posibilidades: Muy pocas. Se trata de una compositora joven y con limitada trayectoria en el campo de las bandas sonoras. Si bien su carrera musical junto a la banda The Shapes es formidable (un pop fabricado desde la distorsión y la estridencia, con insertos de ruidos provenientes de objetos no musicales y demás experimentos acústicos), sus atmósferas sonoras eluden la melodía, prefieren la deriva y se expanden como una nebulosa de ruido. Su trabajo para “Jackie” es menos radical y extraño que el que hiciera para “Under The Skin”, pero igual se trata de una creación que privilegia breves apuntes sensoriales antes que melodías reconocibles.

Los académicos: Dustin O’Halloran y Hauschka por “Lion”

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Otros trabajos de composición destacables: “Equals” (2015), “Breathe In” (2013) y «Like Crazy” (2011) de Drake Doremus.

Antecedentes en el Oscar: Esta es su primera nominación.

Posibilidades: Definitivamente, no va a ganar. Aunque su nominación no es una sorpresa, tomando en cuenta el gusto de la Academia por los dramas altruistas y didácticos. Este trabajo es el ejemplo de la música hecha para el avivamiento del efecto sentimental. Uno de los compositores, Dustin O’Halloran, es más conocido por sus trabajos con el director Drake Doremus. En aquellas cintas solo se acompaña la imagen mediante un piano delicado y alguna intervención por parte de cuerdas, y no mucho más. No es el caso de “Lion”, donde la búsqueda de un clima reparador y de superación invade los momentos álgidos. Todo trávelin de plano general es acompañado por una melodía de intensidad creciente y las escenas íntimas son invadidas por los consabidos violonchelos lacrimógenos.

Hello, Stranger: Nicholas Britell por “Moonlight”

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Otros trabajos de composición destacables: “A Tale of Love and Darkness” de Natalie Portman; “The Big Short” de Adam McKay.

Antecedentes en el Oscar: Esta es su primera nominación.

Posibilidades: El trabajo de Britell tiene grandes atributos que lo podrían hacer merecedor del premio. La aparición de esta cinta fue una sorpresa tanto por su temática como por el tratamiento que emplea para contar su historia, evitando los aspavientos en favor de una distancia lírica y taciturna. La música parece tratar de emular el carácter circular de la luna y el cielo nocturno, con sus melodías minimalistas, poblado por violines que siguen el tránsito del protagonista y su estado anímico. La semejanza con los pasajes sonoros de “Con ánimo de amar” de Wong Kar-Wai no es accidental. En ambas cintas, la frustración, la culpa y la contemplación de los cuerpos invaden el espacio y lo cargan de un sinuoso y cálido anhelo físico permanente, el cual se refleja en esas piezas de melodías lánguidas y lentas, románticas y tristísimas.

El favorito / el ganador: Justin Hurwitz por “La La Land”

Otros trabajos de composición destacables: “Whiplash” (2014) y “Guy and Madeline on a Park Bench” (2009) de Damien Chazelle.

Antecedentes en el Oscar: Esta es su primera nominación.

Posibilidades: Está cantado. Este premio ya es de “La La Land” y no hay más vuelta que darle. La razón tiene tanto que ver con la calidad de su música como con la coyuntura en la cual aparece y con el género al que se adhiere. Vamos, después de todo, un musical se debe a su música. Igual, estará bien ganado. El compositor pone todas sus cartas sobre la mesa y no teme tomar de aquí y de allá. El resultado es victorioso: la música se beneficia de su amor desmedido por el jazz y sus cadencias y ritmos prestados de Irving Berlin, George Gershwin y Cole Porter. Las melodías que nos presenta Hurwitz son fantásticas, superiores a las letras (escritas por el dúo Pasek and Paul) que, sin embargo, no dejan de tener encanto. El compositor se despacha con una seguidilla de canciones luminosas, entretenidas, absorbentes, cautivadoras, tiernas, melancólicas, sencillas aunque sofisticadas y cimbreantes pero también frágiles y descarnadas. Se trata de una historia de amor tradicional, sí. Con música amable y letras cantadas más o menos cientos de veces, claro. Pero en esa frescura y ese desparpajo por ser romántico cuando la noche ilumina el malecón y dramático cuando se es acompañado por un farol de la calle vacía, hay una audacia semejante solo a la devoción que Hurwitz siente por la música y el cine; devoción a la cual nosotros podemos asistir soñando despiertos y con los oídos abrazados a esta candorosa alabanza al romance amoroso que se baila en una pantalla gigante y a todo color.

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