En Cinta Domingo, 28 diciembre 2014

Las mejores películas que vi en el 2014

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#losquesolohablandecine Lo último del mundo del cine. Lo que nos interesa, siendo honestos. facebook.com/EnCintaPeru twitter.com/encinta

Escribe: Alberto Castro (@mczorro)

Antes de empezar con el conteo, quiero precisar que se trata de una lista escogida en base a los estrenos en circuito comercial en nuestro país. Por ello no aparecen aquí la mayoría de películas que suenan para el próximo Oscar, por ejemplo.

Del circuito de festivales me gustaría mencionar a la chilena “Matar a un Hombre”, la argentina “Ciencias Naturales”, la norteamericana de terror “It Follows” y el documental “First Cousin Once Removed”.

No hay ninguna película peruana en la lista. Pero de las propuestas nacionales del 2014 que vi (que fueron todas menos dos) merecen destacarse “El Mudo” de los hermanos Vega y “Perro Guardián” de Bacha Caravedo y Chinón Higashionna.

12. Los tres tanques de Marvel: “Capitán América: Soldado de Invierno”, “Guardianes de la Galaxia” y “Grandes Héroes”.

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Este fue el año en el que Marvel demostró que puede hacer lo que quiera. Puede rebuscar entre sus marcas y comics más caletas para volverlos fenómenos internacionales. Puede pasearse entre géneros y estilos para salir airoso en cada aventura. “Guardianes de la Galaxia” dejó huella en el space opera, además de regalarnos uno de los mejores personajes que parió el cine este año: We are Groot y todo lo que ello significa. “Grandes Héroes” (Big Hero 6) logró hablar sobre el duelo (además de materializarlo en el entrañable Baymax) y vendérselo al público familiar. Mientras que la segunda de “Capitán América” (y mi favorita de las tres) logró darle dimensión al personaje más desabrido de la marca, cuestionando las justificaciones de una organización como S.H.I.E.L.D (el enemigo dejó de ser externo), sumergiéndonos en un thriller negro, de intrigas de Guerra Fría con topos de por medio, de acción vertiginosa y guiños de comedia inesperados. Ya, necesitamos “Los Vengadores: La Era de Ultrón” de una maldita vez.

11. “Blue Jasmine” o la mejor película de Woody Allen en años

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Deben estar pensando que “Medianoche en París” es del 2011 y que no ha pasado mucho tiempo entre ambas, pero por más entrañable que fuera esa oda a la capital francesa y defensa de la renovación del arte, no tiene la consistencia dramática de su mejor obra en este siglo: “Match Point”. En esta oportunidad logra pisarle los talones, y si bien la propuesta no llega a ser tan sórdida, tiene matices lo suficientemente oscuros como para estremecernos. Se trata de meternos en la cabeza de la Blanche de “Un Tranvía Llamado Deseo”. Debemos aguanta las bipolaridades de una deliciosa Cate Blanchett, malévola, psicótica, loca. Debemos tolerar su verborrea, la manera en la que manipula la realidad a su antojo. Nos toca también abrazar sus visos de vulnerabilidad. Y temblar con un final de antología, una de las más devastadoras escenas que nos ha regalado el cine este año. Ah sí, Blue Moon.

10. ¡Todo es increíble! “La Gran Aventura LEGO”.

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¿Qué podía funcionar al hacer una película sobre una marca de cubos de plástico? Aparentemente, todo. Y es que aprovechando la libertad de no tener que ceñirse a ninguna historia, los directores Phil Lord y Christopher Miller pudieron capturar la esencia de lo que significa LEGO: esa posibilidad de construir cualquier cosa, de armar al antojo, de pasar por encima de las reglas o parámetros establecidos. Finalmente, la película se convierte no solo en un despelote de universos, cameos pop, one-liners y animación de lujo, sino también en una crítica a la modernidad consumista, al entretenimiento que sacrifica creatividad en pos de rentabilidad. Estamos frente a una propuesta que podría resultarle demasiado bizarra a un niño (es el “Rango” de este año, aunque con diseños un poco más amigables), pero que le habla directamente al adulto cínico, a la pérdida de la candidez. Ese giro en el tercer acto, en el que se quiebra la fantasía y aparecen los humanos, debe ser una de las jugadas narrativas más arriesgadas del año.

9. Cuando un blockbuster se vuelve arte: “El Planeta de los Simios: Confrontación” e “Interstellar”

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Es difícil que un estudio te entregue casi 200 millones de dólares y no intente controlar cada decisión que tomas. A pesar de ello, este año nos topamos con Matt Reeves y Christopher Nolan, dos directores que aceptaron el dinero y un proyecto por encargo, pero con la condición de libertad creativa absoluta. Y así fue. El primero reflexiona sobre los albores de la civilización y la política detrás de la guerra, enfrentando a Caesar a las ambigüedades de ser el líder de un grupo, a la utopía de la paz. De paso, nos regala una primera secuencia casi-muda de lujo, una que basta para entender la irrupción de los humanos como antagónica. Por su parte, Nolan nos regala la película más ambiciosa de su carrera, la más irregular también: en el debate es que encontramos justamente su valía. El peso del tiempo, un brillante Matthew McConaughey, las texturas de la fotografía de Hoyte Van Hoytema y una osada plancha sonora comandada por Hans Zimmer, son lo mejor de una película de la que seguiremos hablando por mucho tiempo.

8. ¿Alguien puede darle de una vez un Oscar a Leonardo Di Capio? “El Lobo de Wall Street”

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Fue Martin Scorsese el que elevó su calidad performativa desde que lo adoptó para “Pandillas de Nueva York” en el 2002, y es el responsable de dirigirlo en su mejor papel a la fecha. Y es que no solo se trata de los excesos, las lisuras bien puestas y los bailes rimbombantes: se trata de los matices humanos que le regala a un personaje que de otra manera sería una caricatura y de la sutileza con la que se impone o esparce amenazas. La contundencia con la que controla todo lo que está alrededor suyo. Además del completo control que demuestra sobre su cuerpo: aquí el actor hace gala del mejor slapstick que se haya visto en pantalla gigante en años, la secuencia en la que el protagonista se arrastra por casi 15 minutos, completamente adormilado por los estupefacientes. Marty, no dejes de hacer cine nunca, por favor..

7. La banda sonora del año: “Boyhood”

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Suena como si estuviera menospreciando la película y solo fijándome en su banda sonora, pero nada que ver. La música escogida aquí sirve como engranaje para una historia tan épica como la vida misma. Claro que para Richard Linklater lo épico está en los momentos mínimos, en la cotidianidad, en los intermedios, en la toma de decisiones más que en la decisión misma. Porque cuando algo importante sucede, prefiere obviarlo, lo considera intrascendente. ¿Cuál es el punto de la vida? ¿Qué nos hace lo que somos? La película nos destruye el cerebro con una no-respuesta que tiene tanto sentido. La vida se trata de esas incertidumbres que invaden a todos los personajes de esta película, desde el niño-adolescente de cabecera, hasta esos adultos que tampoco entienden nada. Solo viven. Por cierto, Patricia Arquette está notable: se roba cada escena en la que aparece.

6. Cuando Wes Anderson se volvió mainstream: “El Gran Hotel Budapest”

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A Wes Anderson se lo ha acusado de posero millones de veces, de olvidarse del alma de sus personajes en medio de tantas casas de muñeca, vestuarios histriónicos y diálogos afilados demasiado conscientes. Solo que este año lo usó a su favor, haciendo evidente el artificio para elaborar sobre la naturaleza narrativa, sobre el cómo contar historias. Los múltiples narradores y formatos con los que se desarrolla esta película colaboran a su naturaleza ficcional y completamente subjetiva, elevándola, complejizándola. Aparte que solo un realizador tan diestro en universos estrambóticos como Anderson pudo hacer que los múltiples giros de la trama resultaran tan inverosímiles como orgánicos, a la vez. Sin enredarse, de paso. También es el único que pudo convocar a un reparto de casi una veintena de rostros de prestigio, sin que se molestaran por aparecer casi como cameos. Ah cierto: hace tiempo que no veíamos a Ralph Fiennes tan rotundo.

5. El año de Jake Gyllenhaal: “Primicia Mortal”, “La Sospecha” y “El Hombre Duplicado”

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Siempre fue un actor que perseguía roles demandantes (aunque hay que aceptar que de vez en cuando su bolsillo le pesaba más, como cuando aceptó hacer “Príncipe de Persia”), pero este año finalmente ha demostrado ser una fuerza performativa a la que seguir de cerca. Con las tres películas que protagonizó demostró una habilidad camaleónica como pocas. Para “Primicia Mortal” bajó de peso para transformarse en este buitre de ojos salidos con complejos de Sheldon Cooper, pero la capacidad de manipulación de Francis Underwood. En “La Sospecha” no tenía mucho background como personaje, pero aprovechó al máximo un enervante tic de cejas y ojos (sumado a un par de tatuajes imponentes) para elevar la intriga en torno a un detective con demonios irresueltos. Finalmente, en “El Hombre Duplicado” se interpretó por partida doble, angustiado y ansioso por la rutina por un lado, desquiciado por el otro. Eso sí, las tres películas son notables en sí mismas.

4. La que nadie vio: “Ida”

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¿Cuándo una película polaca se ha estrenado en nuestro país casi en simultáneo con el resto del mundo? Nunca pues. Lo cual hizo doblemente gratificante el visionado de este relato en cuya sencillez y contención radica justamente su grandeza. Aquí se trata de hablar de los fantasmas del pasado y cómo influirán por siempre el quehacer del presente: lo cual enaltece la necesidad de conocer las raíces. Claro que también se habla de la vocación religiosa y las dudas que conlleva el tener que dejarlo todo atrás. Todo apoyado en una fotografía enigmática, bañada en grises, de un formato 1:1 que obliga al ojo a barrer todo su contenido, gracias a la fotografía de Ryszard Lenczewski y Lukasz Zal. Se trata de una película que parece salida de otra época, sí, pero a la vez contemporánea y refrescante de ver. Una y otra vez. Por cierto, Agata Kulesza se roba cada escena en la que aparece.

3. Para los forever alones (como yo, obvio): “Ella”

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“El amor es una forma socialmente aceptada de insanidad”. Y así Spike Jonze hace trizas nuestro corazón al hacernos reflexionar sobre las relaciones humanas y lo vital que resultan para nuestra convivencia en sociedad, para la existencia misma. Sí, es el “Annie Hall” en tiempos de internet. Se trata de un frío retrato de cómo se construyen las relaciones, al representar el sistema operativo de Samantha la manera natural como los humanos aman: recopilando información, analizándola y reaccionando en base a conclusiones. Es exactamente lo que hace el mismo Theodore al escribir cartas ajenas. Y es que por encima de una evidente crítica a una sociedad moderna alienante e individualista, la película nos habla del amor como un ciclo finito, pero a la vez un círculo que se renueva y del cual vamos aprendiendo. La banda sonora de Arcade Fire es una cosa de otro mundo, hay que recalcarlo. Y nada se puede decir de Joaquin Phoenix que no se haya dicho ya.

2. La que vi mil veces en el cine: “Perdida”

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David Fincher es un genio a la hora de generar atmósferas, eso lo sabemos desde siempre; claro que muchos se olvidan que utiliza el suspenso y la intriga para hablarnos de cosas más importantes: personajes y apariencias. Aquí esto llega al extremo: el director realiza la radiografía de un matrimonio contemporáneo, sobre cómo los trapitos deben siempre lavarse en casa para que el mundo solo vea la mejor cara, solo que los medios de comunicación de hoy en día viven obsesionados con desenterrar estos trapitos. La película nos dice que es matrimonio es algo vil y manipulador, que obliga a los seres a hacer concesiones, a perder identidades, a someter, a sonreír mientras por lo bajo susurras un incisivo “¡Perra!”. Y Fincher se ríe en nuestra cara con una de las películas más graciosas (en tono negro, negrísimo, claro está) de su carrera, una que se burla hasta de las convenciones telenovelescas a la hora de retratar sus recovecos. Dios, Rosamund Pike es una femme fatale con todas sus letras, una de la que estamos enamorados desde este año.

1. La mejor: “Balada de un Hombre Común” (Inside Llewyn Davis) de Joel & Ethan Coen

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Los hermanos Coen han sido por mucho tiempo mis directores favoritos, por lo que cada estreno suyo es una celebración cinéfila para mí. Con esta película nos regalan otra obra maestra, un filme tan hipnotizante como enigmático, tan melancólico y desesperanzado. Oscar Isaac, su gato y su guitarra nos hablan del arte y las vicisitudes del creador, de un perdedor renegado y su intrascendencia. Todo matizado con la escena folk newyorkina de los 60s, una Carey Mulligan tristísima, un encantador (aunque algo desesperante) Justin Timberlake, un desbordante John Goodman; todo retratado por la cámara desgastada y añeja de Bruno Delbonnel, quien se encarga de una dirección de fotografía tan desaturada que aún manteniendo el color pareciera en blanco y negro. Duele ver esta película, mucho. Sobretodo por el desasosiego que deja en aquellos que queremos hacer cine en algún momento, pero aún no sabemos si podremos contar la historia que queremos (o nos dejarán hacerlo, de paso). Y si habrá alguien escuchando (viendo) al otro lado.

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