En Cinta Domingo, 16 septiembre 2018

Las 15 mejores películas que vi en el Festival de Toronto #TIFF18

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Escribe: Alberto Castro (IG: @mc_zorro)

Para entender la importancia y popularidad del Festival de Toronto, hay que regresar a su fundación: en 1976 se creó el “festival de festivales”, como se llamaba originalmente, un evento que juntaba las mejores películas que se habían exhibido en el circuito de festivales internacionales. Desde ese momento, el certamen canadiense no solo es el punto de partida para la temporada del Oscar del año siguiente, sino que junta lo mejor que se vio en Berlín, Cannes y Locarno, y presenta en simultáneo lo que se ve en Venecia y adelanta lo que se presentará en San Sebastián. El TIFF (siglas en inglés) es el lugar ideal para hacer una radiografía de lo que sucede con el cine en el mundo.

Dos cosas saltan a la vista. Primero, que muchos actores se pusieron detrás de cámaras y han estrenado sus primeras películas este año: Paul Dano (Wildlife), Max Minghella (Teen Spirit) y Bradley Cooper (A Star is Born), sumado a quienes ya habían hecho cintas antes, como Joel Edgerton (Boy Erased), Brady Corbet (Vox Lux) y Melanie Laurent (Galveston).

Y en segundo lugar, el cine está revisando cómo evoluciona el mundo del espectáculo y las industrias culturales en la era del internet, en la generación millenial: “Non-Fiction” de Assayas, “A Star Is Born” de Cooper, “The Life And Death of John F. Donovan” de Dolan, “Vox Lux” de Corbet, “Her Smell” de Ross Perry y “Quién te cantará” de Vermut, todas reflexionan sobre el peso de la opinión pública y la mediatización sobre los artistas.

Luego de ver 40 películas de las 300 que fueron programadas en los diez días en los que se desarrolló el festival, me animé a escoger las 15 películas que más me gustaron. Ojalá que podamos verlas en nuestro país pronto.

15. “Non-Fiction” (Double Lives) del francés Olivier Assayas

Assayas está asustado con cómo el internet está afectando al mundo y de ahí sale esta película. El guion es una delicia de comedia y metalenguaje que polemiza sobre cómo se produce y consume arte hoy en día. Cada escena propone un debate, sin jamás alcanzar conclusiones. La realidad y lo digital: esa doble vida en eterno conflicto.

14. “Shoplifters” (Manbiki kazoku) del japonés Hirokazu Koreeda

Es para terminar con la cara mojada de lágrimas. ¿Qué es una familia? ¿Acaso lo que el sistema demarca, los lazos sanguíneos o un grupo de gente que se apoya el uno al otro? La película sabe mesuradamente revelar cómo cada personaje llegó a ser parte de la ‘familia’. Y para ser un melodramón, sabe alejarse del miserabilismo o la explotación. Extraordinaria.

13. “Climax” del franco-argentino Gaspar Noé

Propone una fiesta caótica, grotesca y salvaje que rebosa en sangría. Un descenso al infierno que ataca todos los sentidos. Lo que importa es el desenfreno y el movimiento, las extremidades en convulsión constante al ritmo de la música electrónica. Terminas exhausto y mareado después de verla.

12. “Girl” del belga Lukas Dhont

Íntima y conmovedora historia de una bailarina transgénero a puertas de su operación. Sobre transiciones: de espacios físicos, de grupos sociales, de cuerpos. Y cómo hay cosas que resisten ese cambio. Sutil retrato de la incomodidad del cuerpo trans: esas miradas que incomodan, ese desconocimiento que hiere. Pero también sobre la pubertad como etapa incierta de inconformismo y descubrimiento constante.

11. “3 Faces” (Se rokh) del iraní Jafar Panahi

Otra gran película de Panahi, de nuevo revisando la situación sociopolítica de Irán con sus ficciones que fingen ser realidad, cargadas de humor punzante y autoreferencias constantes. La pesquisa en torno a un posible suicidio es la excusa para explorar el rol que se le asigna a la mujer en Irán. Tres mujeres, tres actrices y tres generaciones. Alegorías precisas: desde toros hasta rituales de circuncisión, los hombres tienen derecho a un futuro, mientras las mujeres están obligadas a observar.

10. “Her Smell” del norteamericano Alex Ross Perry

Incómoda y corrosiva: ahí radica su atractivo. Alex Ross Perry confirma que es un cineasta al que seguir de cerca, provocador y osado en lo cinematográfico. El backstage de un concierto y el estudio de grabación convertido en un laberinto pesadillesco en el que todo degenera. Excelente Elizabeth Moss, como siempre: lo exagera todo, a propósito, para ocultar lo quebrado que está el personaje por dentro.

9. “The Old Man & the Gun” del norteamericano David Lowery

El ocaso del cine de atracos, una película dirigida con mucha clase por David Lowery. Refrescante ver algo tan clásico, cuando el cine actual nos llena de reclamos sociales o mensajes importantes. Espectacular cierre de la carrera de Robert Redford: su mirada es siempre consciente de que está cerca a la despedida, su sonrisa encantadora nunca estuvo mejor utilizada.

8. “Hotel by the River” del surcoreano Hong Sangsoo

Otra joya íntima y melancólica del maestro Hong Sang-soo. Un poeta cita a sus dos hijos en un alejado hotel, porque siente que está a puertas de la muerte. Conversaciones cotidianas extensas, poesía a partir de observar la nieve, culpa compartida por el daño que le hicieron a las mujeres de su vida. Bellísima y muy triste.

7. “Long Day’s Journey Into Night” (Di qiu zui hou de ye wan) del chino Bi Gan

Bebe del cine de Wong Kar Wai, a la hora de presentarnos a hombre que recuerda un peligroso romance del pasado. Pero mientras la cinta avanza, se impone el surrealismo y nos sumergimos en recuerdos en conflicto. Y de pronto llega el gran quiebre, en el que se le pide al espectador que se ponga los lentes 3D para apreciar un magistral plano secuencia de 55 minutos con el que cierra película. Toda una proeza técnica, una de las cintas más bellas que he visto en el festival.

6. “Manta Ray” del tailandés Phuttiphong Aroonpheng

Preciosa y tristísima película sobre la conexión entre dos hombres que lo han perdido todo. Hipnótico viaje a través de la selva y el mar de Tailandia, en medio de luces de colores que le suman un aspecto fantasmagórico. La soledad irremediable y la necesidad de encontrar un lugar propio, también una metáfora de la crisis de refugiados.

5. “Tarde para morir joven” de la chilena Dominga Sotomayor

Se mece, respira y exuda nostalgia. Porque, ¿qué es crecer? Tal vez algo se nos arrebata, pero también debemos resignarnos a soltar. La fotografía de Inti Briones es de otro mundo, sudorosa y de ensueño. Y qué título, ¡carajo! Porque ya es tarde para morir joven, porque ya estamos viejos.

4. “Cold War” (Zimna wojna) del polaco Pawel Pawlikowski

Cada una de sus imágenes es deslumbrante. El polaco Pawel Pawlikowski se reafirma como un cineasta obsesivo con su puesta en escena. Un pianista y una cantante viven un amor imposible en plena Guerra Fría. Sus reticencias y anhelos remiten a los bandos opuestos del Telón de Acero. Una mezcla de voces, folclores y clasicismo, todo en eterna colisión. Una tragedia de amor deliciosa para ojos y oídos.

3. “Roma” del mexicano Alfonso Cuarón

Monumental, la mejor película de Cuarón junto con Children of Men y ambas comparten metáforas alrededor de la maternidad. ¿Cómo llegamos al México de hoy y, por extensión, Latinoamérica? Pregunta gigante que se resuelve con una madura puesta en escena que permite múltiples lecturas. Los hombres son responsables de los quiebres sociales, pero las mujeres fueron las que abrazaron los procesos, amainaron el sufrimiento y dieron vida. Clasismo, costumbrismo, choque cultural, convulsión demográfica, abandono y reconfiguraciones familiares. Magistral.

2. “A Faithful Man” del francés Louis Garrel

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Ha sido todo un descubrimiento, una brisa refrescante de purito cine. Con solo dos película, Louis Garrel es un cineasta al que seguirle los pasos de cerca. Una historia de amor insospechada contada como pesquisa de detectives, que suda Nouvelle Vague. Juego de posesiones en torno a la pareja, de ilusiones o fantasías que jamás son desmentidas.

1. “Wildlife” del norteamericano Paul Dano

Extraordinario retrato del sueño familiar norteamericano hecho añicos. Porque los pequeños sucesos, los gestos mínimos, se acumulan hasta destruirlo todo, sin darnos cuenta. Una familia debe lidiar con que el padre se quede sin trabajo, mientras que el pueblo no puede apagar un gigantesco incendio en el bosque.

El fuego como fuerza incontenible de la naturaleza, metáfora de las ilusiones incumplidas que carcomen silenciosamente a una familia. Lo de Carey Mulligan es de otro mundo, tal vez la mejor performance de su carrera. Que delicia la que ha creado Paul Dano: para ser su primera cinta como director, tiene una visión muy madura de lo cinematográfico.

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