En Cinta Jueves, 21 junio 2018

“Isla de perros” y la celebración de Japón, su cultura y sus artistas

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Escribe: César Ulloa (IG: @ceguucue)

Poco se habla sobre la dirección de arte en las películas o, más bien, no se habla lo suficiente. La dirección de arte consiste, principalmente, en investigar sobre los temas y trasfondos históricos y estéticos de la historia que se va a contar, para luego generar ideas que ayuden a contarla de la mejor manera posible. El trabajo de un equipo de arte es traer esos mundos a la realidad, darles texturas y colores. Hacer que convivan armoniosamente con los actores y que estén en comunión con lo que la historia busca transmitir.

Este preámbulo era necesario para hablar de una película que tuvimos la fortuna de ver en nuestra capital por una semana, en calidad de estreno limitado: Isla de Perros”, la más reciente película de Wes Anderson. Una cinta que cuenta la historia de un niño que va en busca de su perro, después de que éste fuera exiliado a una isla en cuarentena. Esta película se realizó usando la técnica del stop motion, la segunda vez que Anderson recurre a la técnica (la primera fue en “Fantastic Mr. Fox” en el 2009).

La historia se cuenta a través de la cultura japonesa, de sus artistas y sus pintores, del teatro y de una paleta de colores que pinta hermosamente toda la historia. Estamos aquí para hablar del gran trabajo de investigación del equipo de arte, un trabajo verdaderamente admirable.

A continuación, 5 de las referencias artísticas que encontré en la película.

DATO: El Centro Cultural PUCP proyectará la película de nuevo del 21 al 24 de junio y puede que sea la última oportunidad que tengamos de ver esta grandiosa película. Regálense verla, no se van a arrepentir.

1. El rojo

Demás estaría hablar de la dirección de arte de una película ambientada en Japón sin mencionar el rojo. El rojo está por todos lados en la cultura japonesa, la cual incluso tiene palabras para identificar los diferentes tonos tradicionales del color. El rojo aparece en esta película apelando a su emocionalidad, pero también para envolvernos y darnos la bienvenida a esta cultura oriental. Estamos ahora en Japón, en la ficticia ciudad de Megasaki y hay rojo. Mucho rojo.

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2. Yayoi Kusama

Nacida en 1929, esta mujer hizo arte desde muy pequeña. Incluso cuando sus padres se oponían a que siguiera esta carrera, Kusama nunca abandono el dibujo. Se mudó a Nueva York en 1958, donde fue parte del movimiento avant-garde durante los 60. Se dice que podría haber sido más grande que el monumental Andy Warhol.

Kusama trabaja con sus obsesiones, sus miedos y complejos. “Aunque los artistas, por lo general, no expresan sus complejos psicológicos directamente, yo en cambio uso mis complejos y mis miedos como temas’’ revela. Hoy, a los 89 años, Kusama sigue pintando desde un sanatorio en Japón, lugar donde ella mismo pidió vivir, en frente de su estudio.

Las exposiciones de Kusama hoy en día son de las más importantes y visitadas en el mundo: largas líneas se forman afuera de museos en Nueva York, Francia y México para ser parte de estas experiencias envolventes de flores, falos, calabazas gigantes y puntos.

De la exposición ''My Eternal Soul'', 2009

De la exposición ”My Eternal Soul”, 2009

Yayoi Kusama en su estudio. Foto de David Zwirner

Yayoi Kusama en su estudio. Foto de David Zwirner

Pumpkin Sculpture, 1998

Pumpkin Sculpture, 1998

3. Katushika Hokusai

Más conocido solo como Hokusai, es uno de los artistas más grandes que Japón ha tenido. Nacido en 1760 en Edo, lo que ahora es Tokio. Aprendiz de un grabador que empleaba el método ukiyo-e, técnica de grabado en madera, Hokusai pasaría su vida entera pintando sobre madera, ilustrando antologías de poemas, libros eróticos y hasta un tipo de libro moralista e intelectual llamado yomihon.

Entre sus trabajos más conocidos se encuentra la serie ‘’Treinta y seis vistas del Fuji’’ en donde podemos encontrar su trabajo más emblemático: ‘La gran ola’’.
Hokusai, dueño de un trazo sencillo y rápido, impresiono y sirvió como fuente de inspiración a pintores occidentales tales como Claude Monet, Edgar Degas Vincent Van Gogh, Paul Gaugin, entre otros.

Fukujuso Series, Shunga, 1818 - 1830

Fukujuso Series, Shunga, 1818 – 1830

 

The Great Wave, 1833

The Great Wave, 1833

 

Thirty-six views over Mount Fuji, 1831 - 1833

Thirty-six views over Mount Fuji, 1831 – 1833

4. Utagawa Hiroshige

Hiroshige es el maestro del paisaje japonés y tal vez eso sea razón suficiente para que cualquier artista quiera usarlo de inspiración para, a partir de sus pinturas, crear mundos.

Nacido también en Edo, 19 años más tarde que Hokusai, al igual que él emplearía la técnica de grabado ukiyo-e. Se calcula que en su vida creo más de 5400 grabados. La mayoría de sus obras están en formato vertical y su particularidad es que transmiten la atmosfera de la vida cotidiana del monte Fuji y de Edo, la actual Tokio.

Sus trabajos llegaron también a Europa y fueron admirados por grandes del Impresionismo como Monet y del post-Impresionismo como Van Gogh. Su llegada y admiración en Paris, dio lugar a que apareciera una nueva tendencia dentro de las corrientes de pinturas, la cual se conoce como Japonismo.

 

"Suijin Grove and Masaki", 1856-58

“Suijin Grove and Masaki”, 1856-58

Plum Garden at Kameido,1856

Plum Garden at Kameido,1856

The Famous Murmuring Pines at Hamamatsu Station from the Upright Tokaido Road Series, 1855

The Famous Murmuring Pines at Hamamatsu Station from the Upright Tokaido Road Series, 1855

5. Teatro Kabuki

Conocido como el teatro del pueblo japonés, es una de las cuatro formas que existen dentro del teatro tradicional japonés.

Caracterizado por proponer espectáculos que combinan la música, la danza y canto sutilmente coreografiados, con movimientos contenidos y precisos. Curiosamente, ser actor/actriz de teatro Kabuki es una profesión de linaje: los niños son entrenados para interpretar determinados papeles desde muy pequeños. No es hasta después de la Segunda Guerra Mundial que se permitió que las niñas sean entrenadas para ser parte de estos espectáculos tradicionales.

En la trama de un espectáculo Kabuki se narran pasajes históricos (jidaimono), se cuenta también la vida de la gente de los pueblos (sewamono), las cuales están entrelazadas con piezas de danza (shosagoto) que incorporan pantomima y puestas en escenas llenas de color. El maquillaje también es parte vital de un espectáculo Kabuki, ya que determinan los rasgos de la personalidad de un personaje y su rol en la obra.

Dibujo de Izumo no Okuni, 1572 - *

Dibujo de Izumo no Okuni, 1572 – *

 

Escenario Kabuki

Escenario Kabuki

 

Dibujo de representación Kabuki

Dibujo de representación Kabuki

Bonus: Akira Kurosawa

El gran Kurosawa, uno de los grandes del cine y el rey de la composición y simetría. Sus películas retratan las muchas realidades de la vida japonesa, particularmente de la posguerra. Es interesante ver cómo este cineasta ha sido maestro de otros grandes directores occidentales. El mismo Anderson ha revelado que Kurosawa fue una de sus más grandes fuentes de inspiración para hacer esta película.

Entre las películas de visionado obligado están “Los Siete Samurais” (1954) , “Ran” (1985, Kurosawa re-interpretando Shakespeare), “Trono de Sangre, Cielo e infierno” (1963, clase maestra en la composición de escenas) y “Los canallas duermen en paz” (1960, otra reinterpretación de Shakespeare).

Cielo e Infierno ,1963

Cielo e Infierno ,1963

 

Ran, 1985

Ran, 1985

 

Los canallas duermen en paz, 1960

Los canallas duermen en paz, 1960

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