En Cinta Domingo, 4 diciembre 2016

“Animales fantásticos y dónde encontrarlos” es toda una hazaña de la imaginación y la fantasía

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Imagen: Warner Bros

Imagen: Warner Bros

Escribe: Rafael Flores Figueroa

(Advertencia: Este comentario de la película contiene SPOILERS).

“Animales fantásticos y dónde encontrarlos” posee varios aciertos considerables. En primer lugar, la premisa: se limita a narrar una anécdota lineal, la de un Newt Scamander que, debido a un accidente, se ve obligado a iniciar una búsqueda para recuperar las bestias mágicas que guardaba escondidas en su maletín. De entrada, la cinta desecha el sinfín de enredos que se había vuelto la saga de Harry Potter, en favor de un sencillo cuento de aventuras. Una aventura a la antigua, sin discursos trascendentes ni referencias constantes a la cultura pop, vicios inherentes de tantas películas modernas que se precian de serlo justo por ello.

Aquí el interés va por otro lado: J. K. Rowling, la guionista, ensaya una exploración de los límites del género fantástico. Nos devuelve un bestiario insólito y exuberante. No hay criatura que se parezca la una a la otra, y si bien muchas de ellas remiten a parientes lejanos provenientes de estirpes más célebres (Tolkien, C.S. Lewis, Ursula K. Le Guin), las alimañas de Rowling poseen excentricidad y encanto propio, haciendo finalmente de las referencias primigenias un ingrediente más para aderezar el conjunto.

Los animales fantásticos son protagonistas notables, pero los ‘humanos’ no se quedan atrás. Bondad del guion, una vez más, ya que el relato nos rodea de seres marginados e inadaptados sociales. Son anomalías del mundo moderno, últimos escalones de la jerarquía social; empezando por el héroe: un bibliófilo, científico y protector de la memoria de los suyos (aquellas hermosas bestias son el patrimonio invaluable del universo de los magos, y dejarlos morir sería como borrar su historia, su huella en el tiempo). Eddie Redmayne hace un Newt Scamander frágil y torpe, tímido y áspero, pero lo llena de afectaciones y muecas que ensucian su registro. Funciona mejor en las escenas donde está acompañado, cuando se desprende de la máscara gesticular. Lo supera Dan Fogler, en el papel de su compinche robusto e improvisado. Su rostro es el espejo del espectador, plasmado en un rictus que refleja estupor y jovialidad en proporción similar. Gran parte de la cuota cómica que ofrece la cinta se debe a la presencia de este rechoncho cocinero, otro desplazado más, incapaz de obtener un préstamo bancario debido a su condición de trabajador de cuello azul.

Imagen: Warner Bros

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Los antagonistas merecen un apartado especial. Ninguno de ellos está dentro de la regla, sino todo lo opuesto. Samantha Morton como Mary Lou, lideresa de la Sociedad Filantrópica del Nuevo Salem, es temible porque remite a esos personajes que pueblan nuestro día a día: fanáticos ultraconservadores y dogmáticos, empeñados en seguir al pie de la letra las leyendas de sus escritos sagrados. Ella enfoca su odio demente sobre los seres mágicos, considerándolos engendros contranatura, culpables solo por haber nacido distintos a lo que reza su credo.

Rowling aprovecha la atmósfera para aludir claramente a ese mal que nos acecha como crespón gigante: el desprecio extendido hacia todo lo que se ve y se comporta fuera de la tradición, condensado en esos odios irracionales, consecuencias del racismo, la homofobia y todos sus derivados.

El personaje de Credence,  interpretado por Ezra Miller, representa a aquellos desarraigados, víctimas de la intolerancia. Ha sido adoptado por la demente Mary Lou, quien aprovecha  su autoridad para desahogar sobre él sus pulsiones reprimidas. El secreto que esconde Credence es una alegoría: ese miedo que encierra su rostro de ciervo herido guarda semejanza estrecha con la de tantos jóvenes que se guardan en las sombras, buscando huir como sea de un entorno hostil que igual los quiere desaparecer.

La trinidad antagónica se completa con Colin Farrell, en el papel de Percival Graves, poderoso auror de naturaleza ambigua. La mirada impenetrable de Farrell induce al miedo, pero también a la atracción. Graves es un villano complejo porque sus trapacerías tienen poco que ver con su fuerza, y mucho con el atractivo filial-erótico que ejerce sobre Credence, desesperado por encontrar un repositorio de sus afectos sentimentales. La dinámica que consiguen ambos actores es temeraria porque sugiere matices de toda índole, arriesgándose a perfilar una seducción que va más allá de la simple búsqueda del padre sustituto.

Imagen: Warner Bros

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El final de la cinta depara una última sorpresa: la aparición de Grindenwald, que en verdad no aparece, sino que se transfigura desde el cuerpo abatido de Colin Farrell hacia el gesto cínico y escueto de Johnny Depp. La transformación no es accidental, sino una clara referencia a la penúltima película de Terry Gilliam, realizada en el año 2009: “El imaginario del Doctor Parnassus”, que hace de la transubstanciación su axioma, al hacer que Heath Ledger, Jude Law, Johnny Depp y Colin Farrell compartan nombre, cuerpo y voz en distintas partes de la ficción. Es el segundo homenaje de parte del director David Yates, luego de hacer lo propio en “Las reliquias de la muerte”, donde convierte el Ministerio de la Magia en un infierno burocrático y laberíntico, muy al estilo de “Brazil”, la emblemática obra que dirigiera Gilliam en el año 1985.

Y además, quizá no solo se trate de un homenaje consciente, sino de un detalle sutil para esbozar la naturaleza del nuevo villano que irrumpirá en la saga (la apariencia acicalada y las facciones angulosas de Farrell conforman la máscara ideal; es que la maldad acompañada de un rostro apolíneo ni siquiera tiene necesidad de esforzarse en pasar desapercibida).

Es una aventura muy singular la que ofrece “Animales fantásticos”. Lo que más sorprende es la dramaturgia elaborada por J. K. Rowling, sin duda. Ella descarta remilgos y poses, eligiendo así contar una historia elemental partiendo tan solo de una anécdota, dejando de lado las argucias mañosas y enrevesadas que caracterizan a las películas contemporáneas de entretenimiento. Eso sí, la claridad expositiva no es sinónimo de simpleza, y Rowling triunfa al dotar su obra con un poder de resonancia múltiple, entregando un relato que es al mismo tiempo hazaña de la imaginación y la fantasía, oscuro retrato de nuestros peores defectos y metáfora terrible del estado de las cosas.

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