En Cinta Domingo, 21 agosto 2016

Conversamos con Juan Daniel F. Molero sobre “Videofilia (y otros síndromes virales)”, película peruana premiada en el Festival de Rotterdam

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Imagen: Tiempo Libre

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Entrevista de: Terina Flores Castillo (@rosebud8421)

“Videofilia (y otros síndromes virales)” se estrenó solo en tres salas de Lima (Cine Star Breña, Sala Armando Robles Godoy y el Museo de Arte de Lima), lo cual dice mucho de lo debe enfrentar el cine peruano para conseguir pantallas. Y es que este arriesgado y particular largometraje de Juan Daniel F. Molero se alzó con el Tiger Award el año pasado, el máximo galardón del Festival de Rotterdam. Además ganó el Premio de Distribución del Ministerio de Cultura, lo cual debía asegurar su exhibición comercial. Pero ni con ambos reconocimientos los cines se animaron a abrirle las puertas a esta historia de no-amor contemporánea situada en una Lima llena de descomposición espiritual, psicodelia y ruinas pre-incaicas esparcidas en el lienzo urbano.

Conversamos con Juan Daniel F. Molero, director de la cinta, sobre este proyecto autofinanciado, sobre su visión de la ciudad y de una nueva generación virtual, sobre lo que tuvo que enfrentar al tratar de estrenar la cinta.


¿Cómo te animas a escribir sobre este universo limeño-urbano-juvenil que transita por el Centro Comercial Arenales o en los pogos de Quilca? Es dificil ver estas representaciones juveniles en el común denominador de películas peruanas.

Pareciera ser parte de un cine de adolescentes, pero no lo es. Lo que hice fue revisar los géneros hollywodenses y los arquetipos de adolescentes que nos meten en la cabeza. Soy bastante cinéfilo y cada guion que hago es como una excusa para profundizar en cualquier tema. Vi todas las películas que podía y fui dándome cuenta que ninguna encajaba con la gente que yo había conocido ni como yo me sentía: entre ser medio nerd, medio geek y medio loco.

Lo que nos transmiten los medios masivos como la televisión, cine o publicidad no nos representan realmente. Me preguntaba si los personajes de “Al fondo hay sitio” representaban a la mayoría o solo es la fuerza de los medios y la parte política de la representación. Me frustraba, porque pareciera que fuera más real la televisión que la realidad. Por eso me pareció tan importante que esta película salga como una respuesta a todo lo inclasificable, que es bastante grande y que no está del todo articulado. En vez de cambiar la representación, tratamos de cambiarnos a nosotros mismos para encajar en los moldes que nos transmiten y por eso creo que el cine debe ser un arma para romper con eso. Porque la película no se ancla en un solo tema, es como una diáspora.

Antes de irme a vivir fuera de Lima, yo vivía en una burbuja; pero cuando regresé me metí en la movida alternativa y en esa época había gente metalera, hip hopera, y hasta punks compartiendo el mismo círculo y escena. Eran todos los que no encajaban, juntos. Me interesó tener en común lo de no encajar respecto a la imagen mainstream de lo que es un joven limeño.

Foto de: Mickael Chavet

Juan Daniel F. Molero se llevó el Tiger Award del Festival de Rotterdam del año pasado con esta película. Foto de: Mickael Chavet

Háblame de ese contraste que viven estos personajes jóvenes en una ciudad en vías de desarrollo que se plantea caótica y la reacción al bombardeo tecnológico producto de la globalización.

La película tiene dos líneas a nivel de representación. Es muy personal, ya que las dos confluyen dentro de mí. La primera, es la cultura más globalizada del nativo digital en la que la lengua ya no es un idioma, sino es la imagen o el audiovisual. Y por otro lado, está representar al joven del país en vías de desarrollo, de una clase media muy ambigua porque ahí converge todo, que no está dividida entre raza, género, ni nada.

Siento que nos habíamos prohibido como peruanos hacer películas de gente que “solo es”. Se ven películas norteamericanas de personas que no hacen nada importante en su vida, “solo son”.  Aparentemente el cine latino tenía que hacer algo trascendente o muy poderoso. Tampoco estoy diciendo que nos obligan, pero creo que nos obligamos, como si la colonia estuviera en nuestra cabeza y pensáramos que tenemos que cumplir un rol satelital para la cultura contemporánea. Felizmente está cambiando. Tenemos cosas más importantes que decir que un europeo, en Lima me siento más en contacto con el mundo actual que en cualquier otro lugar. Aquí confluye parte del posmodernismo, como las consecuencias del mundo globalizado. También en la película se ve la tradición ancestral que tenemos, porque la magia, los rituales y la superstición son parte de la cosmovisión peruana.

Me molesta que el limeño sea tan hermético y endogámico, por eso quería que mis personajes hueveen y curioseen. Yo siempre me he sentido así, de chico me cambiaron varias veces de colegio y me he mudado bastante. Soy descartable y no soy indispensable en ningún sitio. La idea era tratar de mostrar estos personajes que están en búsqueda de algo.

Imagen: Lima Independiente

“Videofilia (y otros síndromes virales)” ganó la Competencia Internacional del Festival Lima Independiente del año pasado. Imagen: Lima Independiente

¿Cómo fue el proceso de selección actoral?

No hubo casting, los conocí así: hueveando. Mi familia no es limeña, es de Quillabamba, Cusco. La familia de Terom (el protagonista) es de Huancayo. Muki Sabogal (la protagonista) es polaca, pero ha crecido en Cusco. Antes no me sentía 100% limeño, pero luego del proceso de la película me di cuenta que hay muchos que somos la primera generación de una Lima, de la cual yo sí me siento parte; no me siento parte de una ciudad cerrada, blanqueada o aristocrática, a pesar de que aún sigue existiendo esa idea. Hay una nueva Lima que ha surgido de muchos hijos de migrantes.

Gran parte de estas personas que salen en la pelicula, los conocí curioseando, no me interesaba hacer ningún casting. Soy más del tipo de persona que recibe cosas y las va articulando. No es que tenga toda la idea para luego escribirla y expresarla en un plano. Al contrario, soy bastente esotérico en mi proceso creativo. Si conozco a alguien de repente lo alucino, veo que puede encajar y voy armando la historia según lo que me manifieste la vida real. A Muki la conocí en una galería de arte, al que se ve en silla de ruedas es un pintor ocultista que conocí en el cumpleaños de Muki jugando charada. A Terom lo conocí por amigos en común de juergas de circuito alternativo, a algunos otros los conocí en un cineclub en el que participaba hace años. Básicamente así armé todo. Más que todo era jugar y no tomarse en serio el rodaje.

Desde la perspectiva del cine autogestionado, ¿hubo muchos obstáculos en el rodaje?

Literalmente, no había nada de dinero. Tenía felices a todos en cuanto a comida no más. Si tienes un rodaje en el que les das solo empanadas, te matan; yo les daba pizza o chifa y habían chelas siempre. Había horizontalidad y respeto. El equipo nunca fue concreto: primero empezamos solo el camarógrafo, Terom y yo, para que luego entrara un asistente y nos íbamos cambiando los roles. A veces yo hacía sonido, otras veces arte, hasta que se fueron sumando más personas. Al final ya tuvimos un equipo más profesional. El rodaje duró un año y medio. El mayor enemigo era mi flojera, soy una especie de vago productivo, y lidiar con tener que coordinar un rodaje se me hacía una chambaza.

Imagen: FB

Imagen: FB

En cuanto a la distribución de la película, luego del premio del Ministerio de Cultura, ¿se llegó a pactar con alguna distribuidora? ¿Qué fue lo que pasó para que al final solo se proyecte la película en tres salas (solo una comercial)?

No pactamos, fue un acuerdo de palabra. Al final, solo se terminó proyectando en una sala de ese cine, pero eso ya es anecdótico. Yo creo que el problema real está en todos los otros cines que ni siquiera nos respondieron o que incluso ni nos tomaban en serio. A pesar que teníamos el premio del Estado, no nos trataron bien, y por más que yo tenga pinta de vago no estoy acostumbrado a que me traten de esa forma tan poco profesional. En vez de solo decirnos que no querían la película, nos dejaban sin saber qué pasaría por un plazo de dos meses. A mí me pareció una falta total de respeto.

Parte de la Ley de Cine es que se trate igual a los nacionales e internacionales, pero sabemos que a nosotros no nos dan mucha bola. Con esto de no tener distribuidor, no puedes firmar un contrato, lo cual me parece rarísimo. Yo firmo contrato en todas partes del mundo, pero en Perú no puedo firmar uno. Ahora, tengo contratos en Bolivia, Argentina y México. Me he encargado de las ventas de la película a nivel internacional, la he movido por 40 festivales y hemos aprendido bastante en el proceso.

La distribución es gran parte de la política del cine. Los  distribuidores aquí no son gente talentosa en lo que hacen, para nada, porque no es que vean algo y lo descubren, si no que agarran paquetes, los programan, siguen las indicaciones de afuera en cuanto a fechas y nada más. Luego ven que hay cupo para algo peruano y fracasan porque creo que ni siquiera ven la película. Un cineasta puede hacer la película mas libre y radical que quiera, pero si no se la dejan mostrar, entonces no sirve de nada. Hace falta alguna distribuidora alternativa, no hay ninguna; incluso las que dicen que mueven el cine arte, en verdad no se dedican al cine arte.

Igual, sí me interesaba que la película se pase en lugares baratos, que no se tenga que pagar 25 soles por una película peruana, eso no tiene sentido. Deberían cambiarlo, descontarle a los cines, por ejemplo. Ahora, estoy haciendo una distribuidora que se llama Chollywood, la cual es una empresa con la que quiero producir y distribuir películas de forma más masiva. Lo que me interesa es entrar al mainstream y sacudirlo, ya que hay un mercado pero hace falta un intermediario. Una película peruana que no tiene distribuidor tiene un camino muy difícil y en ninguna escuela de cine te enseñan a distribuir películas. Por eso me interesa, en un futuro, hacer cine de género e invadir esa cartelera. Sabemos que hay gente un poco mediocre que está haciendo cine y ganando mucha plata, y también sabemos que hay gente muy talentosa que está haciendo películas y nadie las ve o está muy ocupada en ser artista. Yo tengo otra visión del arte, incluso hago otras cosas más experimentales pero nadie las ve, las hago para mí.

Imagen: Transcinema

La película también se había visto en el Festival Transcinema del año pasado, pero han estrenado comercialmente un corte distinto. Imagen: Transcinema

¿Consideras que “Videofilia” no es experimental?

No, no lo es. El cine siempre ha innovado en cuanto a lenguaje estético, lo que tiene son secuencias psicodélicas. Ahora, “Videofilia” bordea un poco con lo experimental, he sacado mucho de eso, pero también del sci-fi, el terror o lo bizarro para poder mandar mensajes políticos fuertes y para que la gente pueda ver también un cine que no sea malo y que no tenga un mensaje que se aproveche de los complejos de los peruanos para lucrar, como una productora muy grande que sí se aprovecha de esto y lo refuerza. Pareciera que el mercado exige que el peruano sea aspiracional y acomplejado, y en mis siguientes películas voy a meterme más en ese tema.

Participaste en un concurso del Ministerio de Cultura que declararon desierto, no le entregaron el premio a ningún participante. ¿Crees que influyó el haber ganado el Tiger Award en el Festival de Rotterdam para que luego se reivindicaran y sí les dieran el premio en un siguiente concurso?

Lo anecdótico, realmente, es que yo he pasado por dos concursos nacionales que me han declarado desierto. Primero me pasó con mi primera pelicula. La mandé en la época en la que había concurso experimental, alternativo e independiente. La mandé al rubro de experimental y solo éramos 4 concursantes aspirando a 4 premios. Me dieron una mención honrosa y declararon desierto el cupo. Yo con esa plata pensaba producir “Videofilia”. Pero al final, me pareció mejor no ganarlos, porque si no la película hubiese sido otra.

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