En Cinta Domingo, 21 agosto 2016

Conversamos con Ezequiel Acuña sobre “La vida de alguien”, película argentina llena de nostalgia y música

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Entrevista de: Alberto Castro (@mczorro)

El cine del argentino Ezequiel Acuña está construido a partir de fantasmas, de la nostalgia, de un pasado que dejó huellas insondables. De historias muy personales, de amistades y amores perdidos. “Nadar solo”, “Como un avión estrellado” y “Excursiones” (de la que escribimos aquí) lo consolidaron como una de las voces más importantes del cine latinoamericano, de las más honestas y sentidas, por lo que es un placer que su última cinta “La vida de alguien”, joyita que tuve la oportunidad de ver en el BAFICI (Festival de Cine de Buenos Aires) del año pasado, se haya estrenado en exclusiva en el Centro Cultural de la Católica. Se trata de la historia de un hombre que quiere volver a juntar a su banda de rock de antaño, la cual se separó luego de la desaparición de su mejor amigo.

Conversé con el director sobre esa visión nostálgica del cine y la música que tiene la película, sobre su experiencia como jurado en el último Festival de Lima y sobre lo que piensa de la movida cultural en Lima, una ciudad en la que lleva ya cuatro meses, sin regreso a la Argentina a la vista.


¿Te consideras una persona nostálgica?

Sí, obvio. En “La Vida de Alguien” hay cosas medio atemporales, como los cassettes. Yo igual vengo de la década del noventa y creo que la película tiene una estética muy de esa época. La gente con la que me junto, mis amigos, somos de esa generación. Me pega bastante lo de la nostalgia con respecto al pasado y ciertos códigos, amigos, valores. Me siento alejado de la gente más joven. Siento que hay otros niveles de información, de lectura de las cosas, de procesarlas, de verlas. Esto de los celulares y todo lo inmediato. Entonces te quedas un poco de costado. Justo las películas que hago tienen que ver con otro tiempo.

Además que el protagonista de “La vida de alguien” recuerda una etapa pasada que lo marcó mucho. La película también conversa con tu primer largometraje, “Nadar solo”.

Tiene el mismo coprotagonista, Santiago Pedrero, que aparece en todas mis películas. El protagonista de “Nadar solo” también aparece en “La vida de alguien”, casi al final. Es un repaso también como de lo que uno hizo, de lo que a uno le va pasando. En “Nadar solo” yo conocí a estos dos actores y con uno pude seguir haciendo películas por 14 años, juntarnos a tocar y ser amigos. Entonces el proceso se vuelve más cercano: escribir pensando en él, escribir sobre temáticas cercanas que nos van pasando. Hay una especie de camaradería y de gente que uno sigue frecuentando, viendo y conociendo.

Imagen: Revista Perro Negro

Imagen: Revista Perro Negro

Esto enmarca todas tus películas en un mismo universo.

Sí. Y lo de la nostalgia. Yo no sé si pienso que siempre una época pasada fue mejor, pero sí hay algo que se pierde en el vínculo. Yo tengo 39. Cuando uno va pasando etapas, uno va recordando algunas cosas que no van a volver o no van a tener esa misma inocencia. Entonces aparece esa cosa nostálgica, media tanguera, más argentina también. No quiero decir que todo tiempo pasado fue mejor, porque sería medio ridículo. Sería una especie de extraterrestre ahora. Pero sí veo algunas cosas con otro valor, cosas que se han perdido.

Y fuera de lo temático, es una película que se filmó en 35mm. Desde ahí ya hay una mirada al pasado.

Todas mis películas las he hecho en celuloide, hasta ahora. Ya cuando cierran los laboratorios, podemos ver que esa forma de hacer cine ya se está acabando. El formato lo pensé también como algo que tenía que ver con eso del pasado y la nostalgia, el celuloide ayuda a este tipo de película. Pudimos haberla grabado en digital, claramente, pero creo que ayuda a dotarla de esa atemporalidad. Creo que en la película hay un montón de esos elementos que te llevan hacia lo pasado. Yo cuando estudié cine del 98 al 2000, practicábamos en VHS, y en segundo año filmábamos en 16mm y en blanco y negro. No teníamos todo este rango que hay ahora del digital y de cambios, de grabar una película con celulares. Como me formé con eso, siento que es parte de mí.

¿Pero se ha hecho más difícil filmar en celuloide?

En presupuesto, no tanto, porque no se está filmando casi nada así. Entonces es al revés. Claro que lo pensé bastante, porque cuando uno filma uno no puede hacer un derroche de material. Ha sido una excepción un poco cara, pero no tan cara. Porque como ya nadie usa estas cámaras, se pueden conseguir más baratas.

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La música juega un papel muy importante, además que el protagonista está tratando de rearmar su banda.

Sí, es casi un musical. Por momentos la historia está narrada por las canciones, porque dicen mucho al estar cantadas en castellano. Yo también estudié música y por ahí me hubiera gustado dedicarme más a la música, pero creo que soy muy disperso y el cine me ayuda a poder tener distintas etapas, desde escribir, filmar, editar. En cambio la música es la concentración en la ejecución, lo cual se me hace un poco más difícil. Me gustan un montón de bandas de otros lugares, pero como sabes que el tema de los derechos y conseguir canciones es complicado, por ahí que he buscado entre lo que tenía cerca. Y fue bueno poder trabajar con bandas que son más cercanas a mí en mi forma de pensar. Te limita, pero es una limitación interesante. Tenía 40 canciones de La Foca y me animé a trabajar con eso para “La vida de alguien”. Ellos son amigos y a mí me gusta la banda. Y es muy parecido el proceso que he tenido con mis cuatro películas en ese aspecto.

Siento que todas tus películas son muy personales, muy cercanas a ti. ¿Has pensado alguna vez alejarte de este tipo de historias y explorar algo diferente?

Mañana podría tratar de hacer algo de género o con otro tipo de historias, pero creo que igual va a decantar en características ligadas a lo que soy. Hay cosas de las que uno no se puede escapar, queda una impronta. Es como en la música: imagina un guitarrista que toca un tipo de música y lo llevan a una banda de reggae. Va a poder tocar, pero hay que ver cómo puede sentir ese ritmo si viene de otro lado. Podrá tocar, pero no lo hará con el feeling o con el swing. Y por ahí que un guitarrista más limitado, pero que siente ese ritmo, va a ser mejor que él.

Imagen: Festival de Lima

Ezequiel Acuña en medio de Ciro Guerra y Daniela Michel, miembros del jurado del último Festival de Lima. Alonso Cueto y el brasilero Karim Ainouz completaron el jurado. Imagen: Festival de Lima

Acabas de ser jurado del Festival de Lima. ¿Cómo ves el cine de la región actualmente?

Fue raro porque hace mucho que no veía tanto cine latinoamericano de golpe y en tan poco tiempo. Encontré diversidad. A mí me pasó que a veces hubiera querido encontrar más ritmo, más narración, menos cuidado en algunas cosas. Porque hay películas que llegan a un punto y se detienen, no se animan a avanzar un poco más, por ahí que por pudor a cierta emoción o a mostrar algo más. De las peruanas que vi, “WIK” me gustó mucho y siento que “El soñador” tiene una estética súper elegante y fina. Y hay películas que corren desde diferentes lugares. Había una película de Pablo Larraín, quien ya tiene 7 películas, o hay directores como Federico Veiroj o Alejandro Fernández Almendras que tienen 3 o 4 películas. También uno mide las películas con eso en cuenta. A mí me interesa la autenticidad. “Aquarius” y “Alba” fueron las que más me gustaron de la competencia.

Igual el jurado al final optó por “Oscuro Animal”.

Sí, es que en el jurado éramos cinco personas y hay diferencias. Cada uno tiene un país de procedencia y hay otros intereses o visiones. Por ahí hay alguien al que no le interesan las películas más adolescentes y le interesa algo más oscuro o turbio, en otros casos algo más político. Éramos un programador, un escritor, tres directores. Es muy subjetivo. Yo traté de escuchar y decir lo que pensaba, pero tampoco creo que un premio vaya a cambiar la vida de alguien. Es muy raro, porque siento que las películas de François Truffaut o Alfred Hitchcock son universalmente buenas. Tal vez haya uno que esté en desacuerdo, pero no es que vaya a haber una guerra porque a varios les parezcan horribles sus películas. “Psicosis” y “Rebecca” son grandes películas, pero ¿cuál es la mala que tiene este tipo? Por ahí coincidimos que alguna es más floja que otra, pero esa incluso es mejor que muchas de otros directores. Ahí estamos todos de acuerdo.

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Imagen: Festival de Lima

Estás ya cuatro meses en el Perú. ¿Has venido a quedarte? ¿Estás desarrollando algún proyecto?

Tuve la suerte de que la Universidad Católica me invitara a dar unos talleres de actuación y gracias a ese pasaje al venir surgieron otras cosas. Yo iba a venir por dos meses, pero surgieron nuevas invitaciones. Y me han tratado muy bien por aquí. No dejé tanto allá en Argentina como para necesitar urgentemente regresar. Si sale algo más, bien, ojalá, y si no también.

¿Cómo has visto la movida cultural por aquí frente a lo que se hace en Argentina?

Muy bien. Cuando yo vine a Lima en el 2009 no podía creer que existieran dos revistas de cine como “Godard” y “La ventana indiscreta”. Vi mucha cinefilia. Desde el lado del rock, me encontré con muy buenas bandas que están al nivel de la buena escena indie argentina. Igual en literatura, en teatro. Me parece que hay un montón de cosas. Buenos Aires tiene esta cosa más europea que quiso tener en algún momento, pero no creo que haya mayores diferencias. Se está grabando bastante aquí; va a llegar el momento de ordenarse, entre lo comercial, lo más artístico, lo más autoral. Me parece curioso lo que pasa en el festival de cine, por ejemplo, porque la gente va a ver películas, sea cual sea. Yo no tengo muy claro cómo es que se gesta todo esto, porque estoy más como un observador. Y me parece que Lima es una ciudad extraña de ver: es una especie de Hong Kong, ir por Risso, por Arenales, los chifas, los karaokes, las discotecas. Hay una geografía, hay una cosa particular también. Me parece una ciudad súper interesante.

YAPA: “Vos conmigo” de La Foca

Ezequiel Acuña realizó el videoclip de este nuevo tema de la banda argentina en nuestro país, una producción de Arrebato Cine. El equipo de realización estuvo conformado también por los peruanos Rodrigo Moreno del Valle, Beatriz Torres, Illary Alencastre Pinilla, Manolo Olivera y Tirso Vásquez, todo el equipo humano detrás de “WIK”.

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