En Cinta Jueves, 2 junio 2016

Superhéroes como cancha en “Batman v Superman”, “Capitán América: Civil War” y “X-Men: Apocalipsis”

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Escribe: Alberto Castro (@mczorro)

Vivimos en una época en la que los superhéroes dominan la pantalla gigante: Marvel Studios, Warner Bros (que adapta DC Comics) y la 20th Century Fox (que tiene las licencias de los mutantes de Marvel y “Los 4 Fantásticos”) llenan el calendario tanto con películas de origen o en solitario (este año tuvimos “Deadpool” y tendremos “Doctor Strange”), como con mega-eventos donde sus respectivos micro-universos colapsan y se cruzan, ese fenómeno que inició “Los Vengadores” en el 2012 y no tiene donde parar. (No incluí a Sony Pictures por separado, ya que podemos incluir a su Spider-Man dentro del Marvel Cinematic Universe). Es así que este año tuvimos tres de estos encuentros multitudinarios de superhéroes: “Batman v Superman: El Origen de la Justicia”, “Capitán América: Civil War” y “X-Men: Apocalipsis”, tres películas que trazan el camino a seguir en el sub-género, con visiones en forma y contenido ricas en contrastes, que evidencian también cómo poco a poco se está agotando este cine de superhéroes y la necesidad de reinvención.

Imagen: Warner Bros

Imagen: Warner Bros

A casi una década de iniciado este boom (se hacían películas de superhéroes antes, pero “Iron Man” marca un precedente en el 2008), era cuestión de tiempo para que estas películas empezaran a reflexionar sobre sus propias consecuencias. Y es que en un mundo en el que se enfrentan fuerzas sobrenaturales, es evidente que los más perjudicados siempre serán aquellos sin poderes. A ese punto en común es que llegaron los respectivos universos de Marvel y DC Comics, pero con películas muy diferentes.

“Batman v Superman: El Origen de la Justicia” fue el primero de estos mega-eventos de superhéroes en ser estrenados en el año y el resultado fue -y estoy seguro que muchos estarán en desacuerdo conmigo, pero bah- desastroso. Zack Snyder ya había coqueteado con la seudo-teología con su “Man of Steel” de hace unos años, pero no contento con eso ahora quiso incorporar también las reflexiones políticas y sociológicas del Caballero de la Noche: aquí se nos presenta a un Bruce Wayne enfrentado a un Clark Kent, cuestionando sus poderes y su pertenencia a este mundo, y Batman a la vez impartiendo justicia a su oscura manera. Sí, genial ese intento de cine adulto y desaturado, pero hace falta argumentar más, en vez de solo bosquejar un índice de temas sin jamás ahondar en ninguno.

Y peor aún, la forma. Mientras para Nolan la seriedad venía con el frenesí y el caos, con la construcción de una ciudad sumida en la corrupción, podrida desde cada rincón y esquina; para Snyder lo adulto tiene que ver con densidad, con cámaras lentas, con personajes deprimidos y llorando por sus madres (¡Maaaarthaaa!). Lo brillante de la trilogía de “El Caballero de la Noche” era su habilidad para conjugar alegorías y hablar del imaginario de una sociedad: “Batman v Superman” no se guarda metáforas y así termina evidenciando sus vacíos. Solo se salva de este doloroso mejunje un Ben Affleck cuyo peso escénico se siente, sobre todo, en las escenas de combate cuerpo a cuerpo. Es un monstruo que arrasa con cualquier divagación filosófica, y esta película necesita de sacudones así de vez en cuando para no terminar dormidos.

Imagen: Marvel Studios

Imagen: Marvel Studios

El camino trazado por Marvel Studios es diferente: sus películas nos habían acostumbrado a la calidez y las aventuras iniciáticas cargadas de un humor que hace constante referencia a la cultura popular, al tránsito entre géneros cinematográficos; desde el terreno épico abordado en “Thor”, pasando por el cine bélico y de espías del “Capitán América”, hasta llegar a la ópera espacial de “Guardianes de la Galaxia”. Pero sí se habían adentrado al terreno de las consecuencia en series como “Daredevil” o “Jessica Jones”. “Capitán América: Civil War” es esa película en la que se debate, a través de demasiada verborrea, eso sí hay que recalcarlo, sobre los efectos y secuelas de la presencia de superhéroes en este mundo. Su punto alto es aquella figura imponente del Black Panther, esos ojos que analizan a la distancia ambos bandos y posturas (al fin y al cabo, no comienza como parte de Los Vengadores) y el único personaje cuyo arco se completa claramente en la película (“Black Panther: Civil War” pudo ser un título más adecuado).

El Capitán Zemo resulta ideal como villano central, un hombre sin poderes cuyo plan realmente desestabiliza a nuestros superhéroes: y es que los héroes no deben enfrentarse a enemigos foráneos y poderosos, sino a su propia cosecha. La película (y la saga con sus travesías individuales, claro) hacen que sea más doloroso ver a amigos peleando, cada uno defendiendo posturas, en todos los casos, “buenas”. A Marvel siempre le han interesado los individuos y sus contextos personales, por lo que no sorprende descubrir que “Capitán América: Civil War” sabe dedicarle espacios correspondientes y suficientes a héroes antiguos como nuevos, como para entender la situación en la que se encuentran y los anhelos/miedos de cada uno.

Si hay algo que criticarle a la película es el exceso de exposición en ese debate político, en las burocracias y firmas y convenios y politiquerías. Pero eso deja de importar cuando descubrimos que lo que importa en la película es otra cosa: el movimiento. Los hermanos Anthony y Joe Russo van en contra de algunas tendencias actuales de la acción (la ralentización extrema o la edición que marea) para hacernos sentir que las secuencias se desarrollan en tiempo real y que tienen peso físico en nuestros protagonistas. Hay mucho del cine de Paul Greengrass aquí, esa cámara nerviosa que fisgonea y es testigo de las acciones, que no deja de moverse fluidamente, situando perfectamente al espectador en medio de todo. Además de jugársela con todo al fan-service y guiños pop (inesperada aparición del Dean de “Community” o referencia al Hoth de “Star Wars”), pero sin apoyarse exclusivamente en el entendimiento de estos chistes.

Imagen: 20th Century Fox

Imagen: 20th Century Fox

“X-Men: Apocalipsis” se encuentra a medio camino, sin sobresalir y sin tropezar trágicamente. Pero eso al final resulta peor. Se trata de una película que no arriesga nada ni propone una visión particular de las cosas, y eso la hace olvidable. Entretenida por momentos, claro, pero intrascendente. Una película que si se estrenaba hace 20 años hubiera revolucionado, pero que hoy en día se presenta como una más del montón, con una historia básica de manual. Peor aún cuando sus secuencias de acción te queman la retina con sus neones y violetas, pero se ahorran el vértigo dejando que sus mutantes no peleen, sino hablen y se queden parados.

Y no crean que con “arriesgar” quiero decir que una superproducción de superhéroes deba apostar por los debates filosóficos o la manipulación de las formas, sino que esta cinta peca de quedarse sin personalidad. “X-Men” desde siempre ha sido una franquicia donde importaban por encima de todos sus individuos: marginados, rechazados por la sociedad, esa alegoría caleta de la lucha por los derechos civiles, ese grito que abrazaba la diferencia y la aceptación. Ese duelo entre amigos y rivales, ejemplificado en la figura de Charles Xavier y Magneto, era ideal por la contradicción que evidenciaba: ambos luchaban por lo mismo, pero de distintas maneras. Esa forja de identidad y de marginados encontrando su lugar en el mundo desaparece cuando el enemigo central quiere simplemente destruir el mundo.

Por eso el principal problema de “X-Men: Apocalipsis” es su villano: que una película logre quitarle toda personalidad y encanto a un actor tan fascinante como Oscar Isaac es imperdonable. Peor aún cuando tratan de presentarnos a una nueva generación de mutantes, muchos de los cuales ya habíamos visto antes: Tormenta, Psylocke, Nightcrawler y Cyclops convertidos en simples marionetas, en adolescentes genéricos; Mystique elevada a figura mística (valga la redundancia), pero sin tiempo de entender su angustia al respecto; Xavier reducido a una historia de amor de lo más básica, mientras que Magneto repite un drama que ya habíamos visto dos veces antes. ‘La tercera siempre es la peor’, dice Jean Grey en un momento de la película, condenando a esta tercera parte (desde que se decidió retroceder en el tiempo). Y se trata de un problema de dirección, ya que Matthew Vaughn había tenido que lidiar con múltiples personajes nuevos en “X-Men: First Class” y supo dotarlos de personalidad propia en una misma película. Eso sí, solo Quicksilver se salva. Es un grande.

¿Qué nos dicen estas tres películas del estado del cine de superhéroes? Que el sostener universos es un riesgo que le está pesando hasta a las mejores películas de cada estudio: esa necesidad de acomodar las fichas y de construir puentes está bloqueando su máximo potencial. Es por eso que “Deadpool” con todos sus altos y bajos resulta una propuesta tan refrescante, tanto como “Guardianes de la Galaxia” y su sci-fi nostálgico de antihéroes irreverentes.

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