En Cinta Viernes, 4 marzo 2016

«Carol» es la mejor película sobre amor lésbico que se ha hecho hasta el día de hoy

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Imagen: Film4

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Escribe: Terina Flores Castillo (@rosebud8421)

«Carol» es una película dirigida por el norteamericano Todd Haynes, quien suele retratar relaciones ‘cuestionables’ dentro de la coyuntura en la que los ubica. Este eje central en la mayoría de sus películas sirve para denunciar cosas que aún se siguen viviendo: desde el  racismo hasta las diferentes formas de discriminación sexual. «Carol» es una cinta que nos acerca a la rutina de la mujer que le da el título a la película (interpretada por Cate Blanchet), quien vive insatisfecha con su vida matrimonial cuando conoce a otra mujer menor que ella de nombre Theresa (Rooney Mara), con la que vivirá un apasionado idilio. Lo que hace que «Carol» sea, en mi opinión, una película extraordinaria es la creación lenta y progresiva del universo de emociones de cada una, personajes llenos de matices e intensidades, que al amalgamarse generan todo un juego de tensiones solo en base al intercambio de miradas. Culpables Cate y Rooney de tan fascinantes interpretaciones.

Imagen: Quat'sous Films

Imagen: Quat’sous Films

Existen otras películas que nos cuentan historias de amor entre lesbianas, pero que llegan a caer en los estereotipos o legalidades que la misma sociedad ha impuesto, por lo que no son capaces de salirse del molde establecido. Un ejemplo de esto -al menos, para mí- es la aclamada «La vida de Adele» (Blue is the Warmest Color) dirigida por Abdellatif Kechiche en el 2013. Esta película nos presenta el romance entre dos muchachas que viven en la Francia de hoy. Siento que es una cinta que cae en el cliché al momento de retratar a las familias de cada una de ellas, haciendo que casi todo se vuelva previsible. Es una película que se preocupa más por la forma que en lo que se está diciendo. Sin ser tan exagerada, parece un capítulo de la serie «The L World». Me molesta incluso la escena de sexo explícito que dura aproximadamente 10 minutos, porque cae en la explotiation del amor lésbico posmoderno. Lo mejor de la cinta son las actuaciones de las dos protagonistas, que demuestran compromiso absoluto en sus papeles.

Imagen: Focus Features

Imagen: Focus Features

Otra película que pone sobre el tapete una relación lesbiana, y que probablemente sea la más políticamente correcta de los últimos años, es «Los Chicos Están Bien» (The Kids are alright), dirigida por Lisa Cholondeky en el 2010. Esta cinta nos cuenta la vida de Nic (Annette Bening) y Jules (Julianne Moore), un aparente feliz matrimonio de veinte años con dos hijos adolescentes. Los problemas comienzan a asomarse cuando aparece el donante de esperma (Mark Ruffalo) de ambos chicos y Jules se involucra sexualmente con él. Lo malo de la película es una ligereza con la que toca temas que tal vez debieron profundizarse más (la homofobia, por ejemplo), que hace que nos quedemos con un ligero sabor de superficialidad. No siento que nos presenten realmente a una familia formada por dos mujeres lesbianas dentro de la realidad social actual, porque prefiere no meterse en demasiados problemas.

Imagen: Canal+

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También existen cintas en las que el lesbianismo no es representado como romance central, sino que sirve para contar otras historias; o que se le ha dado más importancia a la forma para cumplir ciertas estéticas que pasan por el neo noir, post noir o puestas en escena casi oníricas. Algunos ejemplos de esto serían «Mulholland Drive» dirigida por David Lynch en el 2001, «Criaturas Celestiales» (Heavenly Creatures) dirigida por Peter Jackson en 1994, o la película de culto «Bound» (Lazos Ardientes) dirigida por los hermanos Wachosky en 1996.

Imagen: Dino De Laurentiis Company

Imagen: Dino De Laurentiis Company

Y es en las diferencias con estas películas con protagonistas lesbianas (y hay muchas más, claro) que encuentro la gigantesca importancia de una película como «Carol». Se trata de una historia de amor entre dos seres humanos, no una historia de cómo supuestamente dos lesbianas se enamoran. Nos presentan a dos mujeres con sus propios deseos y conflictos, con obstáculos para enamorarse más allá de su coyuntura social en los 50s. No son simples víctimas, sino personas que han aprendido a sobrevivir dentro de los propios absurdos sociales que les tocó vivir: la homosexualidad como tabú y aún vista como enfermedad mental. La timidez necesaria para contarnos paso a paso este enamoramiento, el juego maravilloso de miradas: las miradas que los homosexuales tienen que darse para enterarse, para coquetear, para confirmar y no suponer, para protegerse y para jugar al juego lento de seducción en una época en la que era más fácil mirarse que hablar sobre ello.

“Carol” luego se lanza a la vertiginosidad y se vuelve una road movie, para darnos cuenta que conforme ellas avanzan en el camino, avanza también su relación, su nivel de confianza, y su nivel de honestidad reflejado tan bien en una fotografía que nunca deja de acompañar al guion. «Carol» es, para mí, una obra maestra y probablemente la mejor película sobre amor lésbico que se ha hecho hasta el día de hoy.

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