cine , En Cinta Miércoles, 3 febrero 2016

“Creed: Corazón de Campeón” es una película que sabe abrazar su legado y abrirse un nuevo camino

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Imagen: Warner Bros.

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Escribe: Terina Flores Castillo (@rosebud8421)

Rocky: ¿Qué quieres demostrar?
Donnie Creed: Que no soy un error.

Casi siempre pensamos en el legado que queremos dejar o en la manera en la que nos gustaría transcender; pero pocas veces reflexionamos sobre ese legado que nos dejaron, de aquello que se quedó con nosotros desde pequeños.

Cuando pienso en mi madre, la recuerdo sentada frente a la pantalla del televisor viendo películas, emocionándose por el reencuentro de algún amor perdido, por un astronauta regresando a casa después de una exitosa misión, por esos soldados que no abandonan bajo ninguna circunstancia a su pelotón o por un boxeador de gran corazón que deja su vida en el ring. Ella no tenía ningún prejuicio con lo que veía, ni escuela de lenguaje audiovisual: ella solo veía películas -¡y vaya que de toda clase!- por el simple hecho de que no imaginaba su vida sin cine. Ella se dejaba embargar por estos grandes personajes con los que vivía como si fueran sus amigos o su propia familia. Claramente, Rocky Balboa era uno de ellos y, por supuesto, estos sentimientos son parte del legado que yo heredé.

Imagen: Warner Bros.

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Ryan Coogler (director de “Creed: Corazón de Campeón”) veía, al igual que yo, las películas del semental italiano con sus padres, y eso lo motivó a escribir con amor y respeto sobre el personaje. Pudo haberse tratado de un intento de secuela más (en este caso, un spin-off/reboot), una cinta sin horizonte y sin dos dedos de frente, un esfuerzo que buscaba redituar en base a la nostalgia, sin más. Sin embargo, “Creed: Corazón de Campeón” (una cinta en la que, por primera vez, Stallone no está involucrado ni en el guion ni en la dirección) es una cinta inesperada y de grata sorpresa. Y precisamente por ser una película que habla, tanto en el nivel narrativo como en el de producción, sobre ese legado que nos dejan aquellas figuras míticas del pasado, el cual puede ser de mucha responsabilidad, pero también lo único de lo que estamos seguros en la vida.

Coogler nos cuenta la historia de Adonis Johnson (hijo bastardo del famoso Apollo Creed, notablemente interpretado por Michael B. Jordan), quien luego de ser rescatado de una vida de delincuencia juvenil, es adoptado y llevado a vivir a la mansión de la viuda de Creed en Los Angeles. Ella se niega a que lleve una vida de luchador, debido a la muerte de Apollo a manos de Ivan Drago. Pero Donnie no puede evitarlo y decide mudarse para buscar a su “tío” Rocky y convencerlo de que lo entrene. Allí es donde nos encontramos con la Filadelfia de hoy, con esa ciudad que vio nacer a su propia leyenda del boxeo y que, sin saberlo aún, está por abrazar al nuevo heredero.

La argentina Cecilia Roth alguna vez dijo que no creía en los efectos especiales de las películas, sino en los efectos emocionales. Exactamente de eso se trata “Creed: Corazón de Campeón”: de mostrarnos esas dos fuertes influencias en el desarrollo del ser humano, el peso de lo que heredamos y el peso de lo que perdemos. Porque todas las películas de la saga de “Rocky” nos hablan sobre la pérdida y lo que se hace con ella, un tema que sirve también como hilo conductor para las acciones del personaje de Creed, ya que desde siempre se ha sentido un huérfano. Por otro lado, la ausencia de Mickey, Apollo, Adrian, Robert (hijo de Rocky que vive lejos de él y raramente lo visita) y Paulie, han hecho de Balboa un hombre sumamente solitario. Se pasa los días en su restaurante, para luego visitar a su esposa y a su mejor amigo en el cementerio. Es alguien que ya no tiene nada que ver con el mundo del boxeo y por decisión propia.

Imagen: Warner Bros.

Imagen: Warner Bros.

La aparición de Adonis en la vida de Rocky crea una enriquecedora dinámica entre un joven que se muere de ganas por formar un nuevo legado, en contracara al pesimismo de un viejo boxeador al que le cuesta mucho asumir sus pérdidas. Ambos personajes están impulsados por el dolor. La garra de Donnie y la sabiduría de Rocky están enmarcadas en un umbral de sufrimiento. Es nostálgica la retroalimentación entre ambos personajes, ya que Creed Jr. ayuda a Balboa a superar lo que él cree insuperable (que es el cáncer que mató a Adrian y a Paulie, y que ahora también lo tiene él) y Rocky le hace entender a Donnie que no debe sentirse culpable de llevar ese apellido, y que debe dejar de pensar que su vida entera es un error, para con ello empezar a tomar pasos propios. La idea es aceptar el legado, que no bloquea la posibilidad de emprender nuevos rumbos.

Por eso, la escena más significativa de la cinta es esa en la que Adonis corre por las calles de Filadelfia y unos muchachos en moto lo siguen, mientras escuchamos una música estruendosa y la cámara da círculos alrededor de la escena. Claramente están recreando los acontecimientos de “Rocky II”, cuando Balboa sube las escaleras del Museo de Filadelfia con muchas personas corriendo atrás suyo, mientras escuchamos Gonna Fly Now. Es la escena clave para entender que la comunidad acaba de aceptar a su nuevo hijo favorito. Y es la forma en la que la película le rinde homenaje a la saga madre, a la vez instaurándose como el inicio de algo nuevo.

Nunca había visto a un personaje mítico y a una franquicia clásica revivir de la forma tan extraordinaria como lo ha hecho Rocky en “Creed: Corazón de Campeón”Toda una nueva generación acaba de recibir el legado de Rocky Balboa y de abrazar a su heredero. Y que vengan más.

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