En Cinta Lunes, 11 enero 2016

David Bowie, el genio de otro planeta que aterrizó en la Tierra (y en la pantalla gigante)

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bowie

Escribe: Omar Cáceres (@Cine_filoso)

Se ha ido un innovador. Un genio. Un héroe que siempre buscó expandir su mente hacía nuevos universos y compartirlo con nosotros. Un personaje que vino de otro planeta para regalarnos lo mejor de su arte y que ahora ha pegado la vuelta, dejando un legado que muy difícilmente desaparecerá.

David Bowie ha sido influencia necesaria para movimientos musicales (el wave o la música dark) y para artistas que hoy en día lamentan su pérdida, como The Cure, Lady Gaga, Marilyn Manson, Nine Inch Nails e incluso a John Lennon y Nirvana, y tantos otros más. Su paso por el cine no pasó desapercibido tampoco.

Justamente su primer protagónico en el cine fue encarnando a un extraterrestre que llegó a la Tierra en busca de agua para su planeta, en “El hombre que cayó a la Tierra” (Nicolas Roeg, 1976). Esta especie de obra de arte y ensayo parece estar diseñada exclusivamente para el lucimiento artístico de David Bowie y su imagen ambigua. Su presencia resulta intrigante, un personaje a ratos apacible y en otras ocasiones amenazante.

Tony Scott lo reclutó para debut “El Ansia” (The Hunger) en 1983, una película de vampiros con Catherine Deneuve y Susan Sarandon. Una cinta de sensaciones, donde lo que prima es la creación de una atmósfera que absorba al espectador, para elevarlo por encima de la simple comprensión intelectua. Increíblemente ochentera, perfecta revisión de las historias de vampiros y magnífico Bowie en su actuación: una verdadera joya semi-olvidada que vale la pena reivindicar.

En 1986 llegaría el papel por el cual muchos recuerdan al Rey Camaleón en el cine: “Laberinto” (Jim Henson). David Bowie es la cara de este filme y nos regala un histriónico y fantástico concierto de su rock, hipnotizándonos (y a la vez aterrándonos) con la ambigüedad de su villano. El cantante se desenvuelve con comodidad y derrocha magnetismo en un papel que se le ajusta como un guante.

Luego llegarían roles pequeños, pero de la mano de directores de prestigio como Martin Scorsese, en donde hizo de Poncio Pilato en “La última Tentación de Cristo”, y como un extravagante agente del FBI Phillip Jeffries, en la película de David Lynch: “Twin Peaks: Fire Walk with Me”.

En “Basquiat” (Julian Schnabel, 1996) haría el papel que más le recuerdo en su paso por el cine: interpretando a Andy Warhol (quien dicho sea de paso, fue su amigo en la vida real). Su personaje tuvo una pequeña participación en este biopic, pero fue suficiente como para que uno no se olvide de lo increíble que pudo ser Bowie en pantalla grande.

Lo último que aparece en mi recuerdo sobre Bowie en el cine es cuando interpretó al físico Nicola Tesla en “The Prestige” (Christopher Nolan, 2006). Es curioso, ya que muy pocos reconocieron al músico en ese papel. Pese a ello, su corta aparición es brillante y era una especie de reconciliación del cantante con el mundo del celuloide.

Pero hablar de Bowie en el cine no solo se remite a verlo como actor o en fugaces cameos (el de “Zoolander” es mítico), sino que su música ha inmortalizado escenas y dejó algo de su alma en películas como “C.R.A.Z.Y” (Jean-Marc Vallée, 2005), en donde Space Oddity suena en quizá la escena más recordada de toda la cinta: cuando Zach manifiesta, encerrado en su cuarto y con la canción a todo volumen, que es feliz con la vida que lleva, pese a los problemas y trabas familiares que han aparecido en su camino.

Es lógico que por su innovadora forma de componer canciones, se llevará tan bien con otro innovador artístico como David Lynch, con quien ha colaborado de mil formas. En lo musical, Bowie le puso la canción principal a “Lost Highway” (1997), una cinta que tiene tanta referencias a su música que la canción I’m Deranged cayó como anillo al dedo.

Imposible olvidar esta mítica escena de “Mala Sangre”, película de Leos Carax, musicalizada con Modern Man. Una escena, por cierto, homenajeada por “Frances Ha” de Noah Baumbach.

Lo escuchamos también en “Moulin Rouge!” (Baz Luhrman, 2001), con una composición que no interpreta, llamada Nature Boy.

Lo mejor de “Sherk 2” es aquella escena con una versión de Changes, interpretada por Butterfly Boucher junto a Bowie. Siempre su música pegaba para el presente y futuro.

Toda una nueva generación se conmocionó con “Las Ventajas de ser Invisible” (The Perks of Being a Wallflower): una de sus mejores escenas es esta en la que Emma Watson se levanta con los brazos extendidos sobre el auto en el que los protagonistas van, al ritmo de Heroes. “Me siento infinito”.

Y claro, la reciente ganadora del Globo de Oro como Mejor Película Comedia, “The Martian”, utiliza a Starman como parte de su banda sonora; pero sinceramente, toda la película es un guiño al visionado de Bowie, ya que hay mucha referencias que me hacen recordar a Ziggy Stardust o a Life of Mars.

Con un hijo haciendo carrera de cineasta como Duncan Jones, quien ya nos sorprendió con la inquietante “Moon” y estrenará la esperada “Warcraft: El Origen” este año, la esencia de David Bowie nos acompañará por largos años. Un hombre preocupado por innovar y no quedarse estancado en lo mismo. Hasta el último día de su vida intentó dejar su huella (hace 2 días lanzó un disco) y nosotros, los simples mortales, recogemos su arte para que futuras generaciones puedan disfrutarla. Sea en cine, TV o música, lo que le ha dado David Bowie es invalorable.

Descansa en paz Ziggy, Rey Camaleón, Héroe. ¡Nos vemos en Marte!

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