En Cinta Sábado, 26 septiembre 2015

¿De qué manera dialoga «NN: Sin Identidad» con «Bajo la Piel», la mejor película de Francisco Lombardi?

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Escribe: Rodrigo Bedoya (@Zodiac1210)

Hace muy poco, volví a ver “Bajo la piel” (1996) de Francisco Lombardi dictando una clase. Es una película que permite hablar de muchas cosas estrictamente cinematográficas: iluminación, influencias expresionistas, mujeres fatales, ambientes de cine negro. Pero la mejor película de Lombardi es también una película honesta y brutalmente política. El policía Percy Corso (José Luis Ruiz) esconde los cuerpos de Gino Leyva (Diego Bertie) y el profesor Catalino Pinto (Gianfranco Brero) en el patio de su jardín: ese fue el precio que tuvo que pagar para quedarse con Marina (Ana Risueño). La cámara baja y se mete en la tierra para revelarnos la verdad: Corso construyó su felicidad en base a cadáveres que ahora están enterrados clandestinamente. Una felicidad falsa, que el propio personaje reconoce que se le puede volver en contra de él.

La cinta toca un tema que comenzó a revelarse en los noventa: los cuerpos de los desaparecidos durante el Conflicto Armado Interno comenzaban a aparecer y a remecernos. Pero nosotros, como sociedad, lo aceptamos: así como Percy, se pensó que ese era el precio a pagar para tener algo de paz. La tranquilidad construida en base a sangre, crímenes y entierros. Lombardi usa el cine de género para tirarnos esa verdad en la cara: una forma menos directa, pero acaso más punzante, que las también logradas “La boca del lobo” y “Ojos que no ven”, por poner ejemplos del Lombardi más político.

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Hoy, casi 20 años después, está en cartelera “NN: Sin Identidad” (2014) de Héctor Gálvez. Y en ella los muertos siguen saliendo de la tierra. Y llegan para incomodar, para no dar paz, para ensombrecer la vida de aquellos que los extrañan. Fidel (Paul Vega) es un antropólogo forense que ve cómo su ciencia y sus pesquisas son incapaces de darle paz a los familiares de los desaparecidos, que buscan un cuerpo para velar. Los huesos (los huesos enterrados por gente como Percy, creyendo que con eso construían tranquilidad) que Gálvez filma de manera frontal ya no forman un cuerpo: generan un dolor y una incertidumbre que contamina no solo a los familiares, sino también a aquellos que deben dar una respuesta desde el lado científico y racional.

“NN: Sin Identidad” nos dice que esa respuesta siempre será esquiva. La tranquilidad no es posible. Percy tenía razón: nuestra felicidad se nos volteó en contra.

Mucha cosas separan a “Bajo la piel” de “NN: Sin Identidad”: no solo el tiempo, sino el tratamiento cinematográfico y la forma de abordar dos historias igual de apasionantes. Pero es un gran ejercicio verlas una después de la otra. Porque ambas cintas son la prueba que el cine peruano puede dialogar directamente sobre nuestro pasado más reciente. Un diálogo doloroso, pero necesario.

YAPA, por si no lo leyeron aún: ¡¿Otra película peruana sobre terrorismo?!

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