En Cinta Lunes, 13 julio 2015

¿Cuántos peruanos vieron “Al Filo de la Ley” en su estreno? ¿Vale realmente la pena verla en el cine?

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Primero, el dato taquilla de Alberto Castro (@mczorro)

«Al Filo de la Ley» fue vista por 69 mil espectadores en las 79 pantallas en las que se exhibió en todo el país, apareciendo como la cuarta película más vista del fin de semana, detrás de «Ted 2», «Intensa-Mente» y «Terminator: Génesis». Con esta cifra se convierte en el segundo mejor estreno peruano del año; aunque está MUY lejos de los 824 mil espectadores que vieron «Asu Mare 2» en su primer fin de semana, la cual sostiene la corona taquillera del 2015. Es más: apenas si supera los 68 mil espectadores que vieron «Macho Peruano Que se Respeta» hace un par de meses.

Le va bien, sí, pero tampoco es que esté ARRASANDO en público como la prensa local quiere hacernos creer. Se trata de una película cuya audiencia se desinflará bastante rápido (como suele ocurrir con las películas de acción y de terror), ya que el efecto mediático de Milett Figueroa (la cual apenas sale 5 minutos en la película) no podrá hacerle frente a los apabullantes comentarios negativos que recibe por doquier. El boca a boca no la ayudará, tanto por la calidad de la película como por la poca presencia de la figura en cuestión (y es que la gente paga para verla).

Si comparamos su cifra de asistencia con otras películas peruanas con tintes de acción de los últimos años, aparece por debajo de los 80 mil espectadores de «F-27» (que contaba con el jale de la hinchada aliancista), pero supera los 67 mil espectadores con los que debutó «La Gran Sangre» en el 2007 y los 53 mil espectadores de «Perro Guardián» el año pasado.

Se trata de un género de representantes importantes en nuestro país en los 80s, 90s y hasta los 00s, con «Alias la Gringa» y «La Fuga del Chacal» (la cual llevó a 980 mil espectadores a los cines en 1987) como sus mejores estandartes; un género que en los últimos años no ha sabido ofrecer nada nuevo, ni enganchar con un público que prefiere ver a sus estrellas locales en comedia y terror.

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Y luego, la crítica de Rodrigo Bedoya (@Zodiac1210)

“Al filo de la ley” sigue un modelo clásico del cine de acción: el ‘buddy movie’ o filme de compañeros, en el que dos personajes con distintos talentos se unen para resolver un caso criminal y atrapar al malhechor. En este caso, Renato Rossini y Julián Legaspi son los dos antihéroes en cuestión: ambos han sido criminales en tiempos pasados, pero ahora decidirán ayudar a la policía, infiltrándose en la organización de un peligroso narcotraficante.

La cinta busca seguir los patrones del subgénero de acción mencionado: no solo importan las escenas de acción y de peligro, y la manera en la que los dos protagonistas se complementan, sino también enfrentarlos a un villano al cual la maldad le brota por los poros, en este caso personificado por Reynaldo Arenas. Y, por supuesto, no podía faltar el lado sexual, el cual se apoya en la presencia de Milett Figueroa y Xoana González, entre otras: ellas son las chicas malas, capaces de seducir, pero también de poner en peligro la misión de los protagonistas.

El problema está en que ese esquema es el único recurso con el que cuenta el filme: lo que proponen los hermanos Hugo y Juan Carlos Flores, los directores, es aplicar la fórmula desde la teoría, pero sin agregarle tensión, humor o erotismo verídico. “Al filo de la ley” se queda en la mera maqueta ilustrada, una que no sabe aprovecharse de la base misma del género.

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Y es que “Al filo de la ley” desperdicia todas las posibilidades que se le presentan para generar tensión (como los momentos de desconfianza de Arenas con los protagonistas o aquellas situaciones aparentemente irresolubles) y prefiere verbalizarlas, sobre-explicarlas a través del diálogo, en vez de desarrollarlas a partir de la puesta en escena.

Ese apego al manual hace que los personajes nunca despeguen del estereotipo más común del héroe y del villano. Los personajes de Rossini y Legaspi son simples monigotes cuyas diferencias podrían haber sido mucho mejor explotadas, pero que se quedan en el simple chascarrillo, en el guiño explicado. Son meros estereotipos del tipo duro, que simplemente recita frases y diálogos que pretenden definir sus rasgos y personalidades, los cuales se quedan en eso, en palabras, sin materializarse en acciones. En la misma línea, el villano creado por Reynaldo Arenas apuesta por la exageración, por los gestos de maldad ampulosos y sobredimensionados, como si con ello pudiera dotar a su personaje de un carácter más intimidante. Lo que ocurre es exactamente lo contrario: el actor lleva a su personaje a la caricatura, restándole fuerza a su lado más frío y calculador.

Y así, con personajes regados (¿qué motiva al personaje de Fiorella Flores? ¿qué quedó de la periodista? ¿qué fue del hombre de confianza de Arenas?) y situaciones que se sienten acumuladas una tras otra, “Al filo de la ley” es una cinta netamente rutinaria, que nunca se sabe a qué apuesta: no hay acción, no hay violencia física; ni siquiera un erotismo franco y desenfrenado, que le hubiera dado al filme algo de delirio. No: se trata de la acumulación burocrática de momentos que responden al manual del cine de acción, pero sin nada de la sustancia que lo hace delirante o divertido. Nada de nada.

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