En Cinta Sábado, 6 junio 2015

Esto es lo que piensan las cadenas de cine de nosotros los espectadores

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Foto: Cineplanet

Escribe: Alberto Castro (@mczorro)

Fernando Soriano es el gerente general de Cineplanet, la cadena de cines que posee 31 complejos y 235 salas en las principales ciudades del país. Esta semana lo entrevistó Semana Económica y lanzó algunas aseveraciones preocupantes sobre el consumo de cine en nuestro país. Esto es lo que piensan los dueños de los cines de nosotros los espectadores.

1. La fórmula millonaria

(Para enganchar comercialmente con el espectador peruano), las características más importantes son el diálogo fácil (de entender), un desenlace casi conocido a la mitad de la película, que la película no sea muy larga y que tenga un final feliz.

Esta ha sido la afirmación que más levantó polvo, la que más le ha dolido a la gente, la más criticada en las redes sociales. Y es que duele que alguien que controla casi la mitad de los cines de nuestro país pueda resumir de manera tan simplista las preferencias del espectador peruano. En su declaración hay tanto de triste verdad, como de sesgada mentira.

Verdad, porque es alguien que habla con las cifras de su lado (y creo que eso es lo que duele más): el espectador peruano promedio va al cine para relajarse y olvidar su rutina diaria, por lo que prefiere un cine escapista.  Pero más que películas de «diálogo fácil», duraciones o «finales felices», creo que el espectador peruano es uno de consumo familiar: si eres una película animada o de corte infantil, la rompes por aquí.

Ahora, «Planeta de los Simios: Confrontación» fue la segunda película más taquillera del año pasado, solo superada (por muy poco) por «A los 40»: no se trata de una película fácil, ni corta (dura más de dos horas), ni de final feliz. «The Dark Knight» y «The Dark Knight Rises» fueron la quinta y la sexta película más taquillera de sus respectivos años y tampoco cumplen con la fórmula. Se trata de excepciones a la regla, pero importantes en cuanto a cifras de asistencia. Ojo que los cines solo miran las cifras en macro, cuando hay películas que han llenado salas en circuitos pequeños, como «La Teoría del Todo» o «El Código Enigma» este año. Y si hablamos de cine peruano, «El Evangelio de la Carne» y «Gloria del Pacífico» demostraron ser sucesos de piernas largas, sobreviviendo muchas semanas en cartelera porque no dejaban de llenar determinadas salas.

Entiendo que los cines, como empresas que son, busquen generar la mayor rentabilidad posible, y que para ello persigan tendencias que aseguren mayores ingresos. Pero decir tan suelto de boca que las películas peruanas deben ser fáciles, cortas y predecibles para ser exitosas, demuestra lo mucho que subestima Cineplanet (y la logística detrás de la empresa) al público peruano. Y también nos dice a nosotros que empecemos a darle la oportunidad a otras películas a la hora de ir al cine, para demostrarlo equivocado.

2. El blockbuster vs. el cine de autor

(Sobre el tiempo que dura una película en cartelera y las salas que se le otorga a cada una:) existen dos extremos, uno es el blockbuster que va en todos los cines y en teoría se quedan la mayor cantidad de tiempo posible. El otro extremo es de las películas que son “cine autor” que van solo en ciertos cines, el dueño de la película sabe que va a ir a esos tres o cuatro cines y no le interesa llevarla a más. (…) Pero si la película pega bien en los dos o tres primeros días, inmediatamente abres más salas. (…) Siempre va a depender de la demanda que consigas los primeros días.

Podría ponerme pesado e indignarme con la eterna separación de blockbuster y cine de autor, cuando los límites entre ambos no son tan sencillos como parecen: «Gravedad» es tan cine de autor como blockbuster, mientras que «Relatos Salvajes» empezó como cine de autor para volverse un blockbuster (en Argentina al menos, ya que por aquí no funcionó tanto). Pero ya, digamos que el señor Soriano, a quien no creo que le interese el cine como otra cosa que negocio, define un blockbuster como una película de maquinaria colosal de marketing, sumado a la fórmula dictada por su declaración anterior; mientras que el cine de autor es, para él, básicamente todo lo demás.

Dos cosas que recalcar. Primero: sí, los directores peruanos de películas de autor saben que no van a entrar en 100 salas ni hacer un millón de espectadores. El problema llega cuando una cadena de cine le dice a un cineasta «no vuelvas a traerme películas así: a la próxima una de comedia, una de terror, o una con Cachín», como le dijeron a Enrica Pérez cuando solicitó estrenar «CLIMAS».

Peor aún: la informalidad de los acuerdos verbales (que parece ser una norma: los cines no firman contratos), que le permite a una cadena de cine PROMETER algo, para luego retractarse a días del estreno comercial. Este maltrato lo han sufrido muchas producciones nacionales en los últimos años, como denunciaron «El Evangelio de la Carne», «Loco Cielo de Abril», «Viaje a Tombuctú», «El Espacio Entre las Cosas» y «Gloria del Pacífico», por mencionar algunos ejemplos recientes de promesas incumplidas. Ellos también reclamaron por la ausencia de posters y trailers de sus películas en los complejos de cine que se exhibían y consideraron que estos escondían todo material publicitario a propósito, para poder deshacerse de sus películas más rápido. Un boicot más caleta. Y hasta nos topamos con casos en los que en la misma boletería intentan desanimarte:

Lo segundo que quería recalcar es eso de los «dos o tres primeros días» de los cuales habla Soriano, básicos para entender cómo funciona la programación de cine en nuestro país. La vida de una película se define en sus cuatro primeros días en cartelera (de jueves a domingo): si le va bien en su primer fin de semana, sobrevive; sino, muere. Mucha gente cree que las películas duran semanas en cartelera de manera natural y eso es FALSO. El cine peruano sufre precisamente por eso: organizar una campaña de marketing efectiva que haga que su público sepa de su existencia, no solo toma tiempo, sino que implica una inversión alta, dinero que no se tiene a la mano. Las comedias o películas de terror sufren menos, por la mayor certeza del retorno en inversión.

3. La piratería afecta a ese otro cine

Las películas más afectadas son aquellas que se estrenan primero en otros lugares y luego llegan a América Latina. Y afecta sobre todo a aquellas películas que no son blockbusters.

Sí, todos queremos otro tipo de cine, estamos hartos de puro Marvel, La Roca salvando el mundo y Cachín bailando en cámara lenta (es bueno tenerlos, pero necesitamos más opciones pues). Pero cuando se estrenan otro tipo de película, no vamos corriendo al cine a verlas porque ya las vimos en internet.

Claro, todos le echan la culpa a lo mucho que se demoran en traer esas películas y reclaman que deberían estrenarse a tiempo, lo cual no es del todo cierto tampoco. «Boyhood» se estrenó por aquí tan solo un mes después de su estreno comercial en EEUU, luego de haber recibido ovaciones en Berlín y Sundance, pero apenas 6 mil personas fueron al cine a verla.

¿Por qué las distribuidoras se demoran en estrenar las películas por aquí? Porque no quieren arriesgarse (de nuevo, miren lo que pasó con «Boyhood») y prefieren esperar momentos en los que la coyuntura sirva para generar interés. Lo cual se resume al Oscar, temporada en la cual (casi) todas las nominadas llegan (tarde, tardísimo) y consiguen atraer a más espectadores de los que hubieran conseguido si se estrenaban en otra época. Y si no te nominan o no ganas nada, puede ser que nunca llegues: como pasó con «A Most Violent Year», la cual estaba programada y fue cancelada tras no aparecer en el Oscar.

4. El cine como movilizador de masas

El cine sigue siendo un entretenimiento barato. Las personas dejarán de ir a un concierto, al teatro o dejará de ir a restaurantes pero seguirán viniendo al cine.

Y precisamente allí radica su poder, su influencia en nuestra sociedad, en nuestro imaginario, en el tipo de personas que somos. ¿El cine es un negocio? Sí, también, claro que sí. Pero el ser gerente de una empresa que mueve a tantas millones de personas al año te vuelve también un gestor cultural. Y molesta que alguien así hable de manera tan conformista sobre el consumo en nuestro país, sin si quiera detenerse a revisar los específicos (es por eso que semana a semana me gusta revisar la taquilla en nuestro país, decepcionándome la mayoría de veces, pero sorprendiéndome muchas otras). Me molesta precisamente por eso la monopolización de la cartelera, no importa si eres Iron Man o si eres Cachín: es negativo limitar las opciones de los espectadores. Y eso que la cartelera es aún más limitada a la hora de mirar los cines fuera de Lima: estrenan mucho menos películas y llegan más tarde.

Hay mucho que hacer, entre productores, distribuidores y exhibidores en este país; el Estado mismo necesita ofrecer un mayor apoyo a la cinematografía peruana, políticas culturales más eficientes e inclusivas (no hablaré de la cuota de pantalla, porque necesitaríamos un debate más largo, pero tal vez incentivos para la inversión privada; no basta con enviar un bus Marca Perú al rodaje de «No Llores,  Vuela» pues).

Y bien por las cadenas de cine que han descubierto a un público alternativo que quiere re-estrenos o busca festivales (y llenan salas, hay que decirlo). Ojo que Cineplanet es la única cadena que mantiene su tarifa regular a la hora de albergar al Festival de Lima: UVK ofrece un precio más bajo cuando acoge festivales y en el resto del mundo sucede lo mismo.

Falta ese circuito alternativo en el que ese otro cine pueda sobrevivir sin tener que enfrentarse a los titanes de Hollywood. Y que los cines, por lo menos, traten con respeto a la producción local; sí, hay que aceptar las limitaciones comerciales, pero también cumplir con los acuerdos.

BONUS: El cine como restaurante

La entrada representa un 60% del ticket promedio. Esto viene siendo así en los últimos años. Todavía no estamos en una situación en la que las bebidas y los snacks puedan representar más del 40%.

No le creo NI UN POQUITO. Menos aún en una cadena de cine que cada vez hace envases más grandes de infinitos colores para vender más canchita. De aquellos complejos en los que vendedores de golosinas te reciben en la puerta de cada sala. En los que se ofrece servicio delivery dentro de la sala cual circo, incluso cuando ya comenzó la proyección. Y entregan pedidos sin pizca de vergüenza cuando ya ha comenzado la película, atropellándote para llegar al comprador, gritando nombres y apellidos desde las escaleras.

Cineplanet dejó de ser una cadena de cine que vendía canchita: cada vez está más cerca de ser un restaurante en el que pasan películas. Sé que a muchos les encanta este servicio (y por eso lo puse como BONUS), pero yo lo detesto. Eso es todo.

En Cinta

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