En Cinta Martes, 19 mayo 2015

La selva peruana en el cine

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Escribe: Kathy Subirana* (@Catalina_)

Es tentador para literatos y cineastas tener la selva como escenario de una gran historia, ya sea la africana o la amazónica. En este caso, y con excusa del estreno de «Desaparecer» de Dorian Fernández que se ambienta en nuestra selva peruana, no está de más revisar algunas de las aventuras cinematográficas que nuestra amazonía ha provocado.

Con ánimo documental o de retratar historias de ficción (valiéndose muchas veces de leyendas amazónicas para crear historias de miedo), la selva peruana ha sido usada como marco cinematográfico muchas veces y de las más diversas formas.

Los pioneros

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Foto: Guadalupe Muñoz.

Entre los pioneros del cine peruano en la selva está Antonio Wong Rengifo (pueden revisar un completo perfil realizado por Paco Bardales para Cinencuentro), cuyas filmaciones datan de los años 30.

Le sigue en el camino, aunque de una forma distinta, Armando Robles Godoy con “En la selva no hay estrellas” (1967), co-producción peruano argentina que cuenta la historia de un buscador de tesoros que se topa de lleno con los misterios del oriente peruano. La película ganó la Medalla de Oro en el Festival Internacional de Cine de Moscú. ”La Muralla Verde” (1970), por su lado, trata de una familia que llega a Tingo María como parte de un programa impulsado por el Estado para colonizar la Selva, lo que ocasiona una serie de encuentros y desencuentros con el ambiente, con los pobladores, con la cultura. La película, basada en parte en las experiencias de Robles cuando él mismo fue colono, y que recoge de una forma muy sutil todas las fragmentaciones del Perú, ganó el reconocimiento de la crítica internacional, llevándose un Hugo de Oro en el Festival de Chicago y una nominación al Globo de Oro como mejor película extranjera.

El Ayahuasca

En 1983 ve la luz “El viento del Ayahuasca”, película de Nora de Izcue ambientada en Iquitos y que cuenta la historia de la ahora famosa planta cuyos son efectos sagrados… o alucinógenos, depende de cómo quiera verlo cada uno. El tema sería retomado, de una forma muy distinta, por Gianfranco Quattrini el año pasado con su película “Planta Madre” (2014). Lo que tienen en común ambas películas es que trabajan con curanderos y maestros de ayahuasca reales. Lo que las diferencia es la historia: Izcue apuesta por una historia romántica, mientras que Quattrini por los conflictos de un rockero retirado que encuentra en la selva un refugio, y en el ayahuasca un viaje interior con toques psicodélicos.

Llegamos al amigo Herzog

“El socio de Dios” (1987) es una película de Fico García basada en la vida de Julio César Arana, un ambicioso empresario cauchero que fue señalado como el responsable de esclavizar a los indígenas y explotarlos hasta morir. García, sin embargo, no fue el primero en inspirarse en una historia real:  el cineasta alemán Werner Herzog lo ha hecho tres veces con la selva como escenario.

La primera fue en 1972, cuando filmó “Aguirre, la ira de Dios”, la historia del explorador español Lope de Aguirre que se embarcó en una aventura en el Amazonas en busca de la mágica y riquísima región conocida por los conquistadores como El Dorado. Le siguió, en 1982, la reconocidísima película «Fitzcarraldo«, que merece un punto aparte. La película está inspirada en la vida del  comerciante cauchero Carlos Fermín Fitzcarrald, que hizo pasar un barco de vapor (llamado Contamana) por al menos 10 kilómetros de tierra (no plana, sino monte de selva) para cruzar de un río a otro en busca de nuevas rutas. Para facilitar este paso desmanteló parte del barco, para volverlo a armar luego.

El Fitzcarraldo de Herzog se llama Brian y es interpretado por Klaus Kinski, con quien el director ya había trabajado en “Aguirre…”. Este Fitzcarraldo ingresa al negocio del caucho como su única opción para cumplir el sueño de armar un gran teatro ópera en Iquitos. Tras algunas vicisitudes, la partida del Molly – Aida (el barco de Fitzcarraldo) tiene una despedida apoteósica, haciendo su recorrido con un gramófono pasando ópera a todo volúmen en la cubierta.

El camino supone una serie de problemas que el mismo realizador decidió experimentar durante el rodaje. Herzog llevó al límite la locura de Fitzcarraldo, y utilizando al menos tres barcos hizo que uno de ellos cruce realmente por tierra de un río al otro, empleando para ello un sistema de poleas y cientos de personas. Las leyendas sobre las dificultades de la filmación son muchas: se dice que el jefe de una de las comunidades indígenas con las que trabajaron se ofreció a matar a Kinski, quien fuera la principal fuente de conflictos durante la filmación, básicamente por su mal carácter. También se comenta que causó malestar entre algunos nativos que en un momento se refieran a los jíbaros como salvajes especialistas en reducir cabezas. Igual, Herzog se llevó el premio a mejor director en Cannes y la película pasó a la historia.

La tercera aventura del cineasta alemán en la selva peruana se llamó “Wings of Hope”, y se filmó en 1998. Se trata de un documental que cuenta la historia de Julianne Köepke, que en 1971 fue la única sobreviviente de un accidente aéreo donde murieron 92 personas. Aquí Herzog regresa a Pucallpa con Julianne, recorriendo los pasos que ella siguió los nueve días que vagó por la selva hasta que encontró a las personas que la ayudaron a reunirse con su padre. El resultado, aquí.

Dicho accidente también dio lugar a una película en 1974: Aún suceden milagros (o “I miracoli accadono ancora”), de Giuseppe Maria Scotese. El filme son casi 90 minutos de lecciones de supervivencia, Aunque al parecer a Köepke no le gustó la película, pues le pareció muy romántica y alejada de la realidad, “Aún suceden milagros” fue alabada por su corte documental y sus grandes dosis de realismo. Por ejemplo, vemos a Julianne buscando pequeñas concentraciones de agua recordando las palabras de su padre, que son más o menos las siguientes: “si te pierdes en la selva lo más importante es estar siempre cerca del agua. Por más pequeño que sea el riachuelo, este siempre desemboca en uno más grandes y este en otro mayor. Sigue su rastro y llegarás a un gran río. Cerca a los grandes ríos están asentadas las poblaciones. Entonces, podrás pedir ayuda”. Decía: lecciones de supervivencia.

Terror en la selva

Los relatos de la selva y el halo de misterio que la envuelve por su profundidad, la han hecho el escenario perfecto para películas de miedo. Por ejemplo, Anaconda (1997), la película del peruano Luis Llosa. El terror aquí lo desata un sujeto que guía a un grupo de documentalistas hacia una anaconda que no perdona a quien se cruza por su camino.

Otro tipo de terror es el que nos trajo Eli Roth con “The Green Inferno» (2013). Esta película, homenaje absoluto a las “Holocausto Caníbal”, cuenta la historia de un grupo de jóvenes estadounidenses activistas ambientalistas que vienen a nuestra amazonía preocupados por la deforestación y la situación de las tribus. Al llegar son capturados por la tribu a la que pretendían ayudar, quienes además resultan ser caníbales. La película pone frente a frente al activismo ecológico muy siglo XXI y al salvajismo fantástico de los nativos muy siglo XIX. Ojo: lo último que busca Eli Roth (en esta o cualquier otra de sus películas) es hacer un retrato antropológico.

En esta categoría destaca “Cementerio General” (2013), de Dorian Fernández – Moris, que se convirtió en la película de terror peruana más taquillera de nuestra historia y fue ambientada en la ciudad de Iquitos. Finalmente  “La Cara del Diablo” (2014), película del peruano Frank Pérez Garland que apostó por mezclar los ingredientes del terror adolescente más clásico con la historia de una antigua leyenda selvática sobre El Tunche (el diablo, en stricto sensu). Esta leyenda ya había sido explorada por el huancaíno Nilo Inga en «El Tunche» (2007).

Otros, especifique

«Pantaleón y las Visitadoras» (1999) de Francisco Lombardi es la película peruana más exitosa de los 90s, llevando a más de 635 mil espectadores durante toda su estadía en cartelera. Basada en la novela de Mario Vargas Llosa, la película nos cuenta la historia del capitán Pantaleon Pantoja, quien es escogido por sus superiores para encargarse de conseguir ‘visitadoras’ que puedan satisfacer las necesidades sexuales de los soldados en los puestos de la selva remota.

Hay que mencionar el cortometraje «Radio Belén» (1983) de Gianfranco Annichini, sobre una emisora radial que se escucha en pleno mercado y puerto de Belén (Iquitos), que llegó a ser presentado fuera de competencia en el Festival de Cannes de 1986.

“Elefante Blanco” (2012) del argentino Pablo Trapero es una de las películas donde la selva es una anécdota, pues la historia central es la de dos sacerdotes que trabajan en una villa en Buenos Aires y tienen problemas con la construcción de un hospital en dicha villa. ¿Qué pinta la selva? Que un cura (Ricardo Darín) va a ella a rescatar a otro (Jeremie Renier) que sufrió un ¿accidente? ¿atentado? mientras cumplía su labor pastoral en una comunidad selvática en nuestro país. En serio, si quitaban esta parte no pasaba nada. Igual, gracias por venir.

“Reshinn, sangre de anaconda” (2011) es la primera película presentada con un doblaje de un dialecto de origen ashaninka y resultó un experimento extraño. Cuenta la historia de una maldición que cae sobre una comunidad, de la que surge también una muchacha que se convierte en una guerrera ashaninka y es protegida por una anaconda. El director Rogger Asto de León encabezó una protesta cuando las salas comerciales retiraron su película después de mantenerla solo una semana en cartelera. Pero es comprensible: la cinta es bastante mala.

“Desaparecer” (2015) es la última incursión cinematográfica en la selva. El valor de la producción es de altísima calidad y super destacable. Dorian Fernández – Moris nos cuenta la historia de una muchacha que trabaja en una comunidad de la selva y que de pronto desaparece. Su novio viaja desde Lima a buscarla, y se interna en el lugar en la que ella vivía. El misterio se mantiene aún cuando descubre que su desaparición tiene que ver con el trabajo de una mafia de traficantes de madera palo rosa. Recién estrenadita.

Amazonía documental

En nuestro país no es común que un documental llegue a las pantallas del cine comercial. Gracias a algunas funciones especiales en el marco del Festival Lima Independiente del 2013, el documental “La Espera, historias del Baguazo”  de Fernando Vílchez llegó a la pantalla grande. El conflicto social más doloroso de nuestra historia reciente cuenta una historia política, antropológica y social, con entrevistas a políticos, periodistas, especialistas, distintas autoridades, líderes nativos y familiares de todos los involucrados. Lo digo en primera persona al haber apoyado en la investigación del proyecto: valió la pena el esfuerzo.

Dentro del universo de documentales sobre diversos aspectos de la selva, me parece importante destacar el trabajo de Fernando Valdivia, dedicado desde hace muchos años al documental, y quien va por toda la selva peruana recogiendo historias. Algunos de sus últimos trabajos: «La travesía del Chumpi«, «Shipibo« e «Isokakebo«.

*Kathy Subirana conduce el programa radial por internet “Pasaje 18″ junto a Claudio Cordero.

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