En Cinta Sábado, 24 enero 2015

Estas son las cinco razones por las que amamos a Bill Murray

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Escribe: Omar Cáceres

Se acaba de estrenar “St. Vincent” de Theodore Melfi en nuestro país (no vayan a dejarse llevar por el horroroso e inexplicable título en español que le han puesto: “Un Vecino de Otro Mundo”), protagonizada por el idolatrado Bill Murray, figura de culto entre la mayoría de cinéfilos. Allí interpreta a un veterano de guerra misántropo y hedonista, el más políticamente incorrecto que puedan imaginar, personaje que da en el clavo con su peculiar forma de ser o con la manera en la que nos hemos acostumbrado a verlo en pantalla gigante en los 40 años de carrera actoral que lleva encima.

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Ahora, ¿por qué se le quiere tanto a este actor? ¿Por qué resulta tan entrañable? ¿Por qué cada aparición suya resulta una cita obligatoria al cine? No solo es recordado como uno de los cuatro nerds que cazaban fantasmas, sino que el buen Bill también suele ser el foco de atención en cuanto evento hay en Hollywood, ya sea por su particular sentido del humor o su forma de posar para las fotos. (Hace poco se reveló que planeaba hacerle una broma a George Clooney en la última ceremonia de los Globos de Oro). Vamos, ¡quién no quisiera conocer a alguien como Bill Murray!

A continuación reseño los cinco motivos por los que creo que Bill Murray es un personaje entrañable para los cinéfilos, un actor que siempre logra arrancarnos una sonrisa cuando tiene una cámara al frente. Cinco momentos actorales que podrían no ser suficientes, eso sí, considerando la extensa filmografía que nos ha regalado.

1. Siempre con Wes Anderson, siempre

A excepción de la primera película del director y eterno hipster Wes Anderson (“Bottle Rocket” de 1996), el tío Bill ha estado en todas sus películas. Sí, ¡en todas! Incluso le prestó su voz a un Tejón animado en aquella divertida cinta stop motion titulada “Fantastic Mr. Fox”. Y aunque apenas aparezca un par de minutos en “El Gran Hotel Budapest”, el cameo es hilarante y queda para el recuerdo. Inolvidable su personaje de Oliver Sacks en “The Royal Tenenbaums”, así como el protagónico en “Life Aquatic”, en donde interpreta al peculiar Steve Zissou, quizás su mejor colaboración con el realizador.

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2. También tiene su lado serio

“Broken Flowers” de Jim Jarmusch debe ser otro de los puntos más altos de su carrera, una película en la que interpreta a Don Johnston, un hombre de pocas expresiones en el rostro que viaja por los Estados Unidos escuchando música africana. Hay que recordar que la película se alzó con el Premio del Jurado del Festival de Cannes del 2005. Como dato curioso, el director llamó al actor para preguntarle si le interesaba hacer la película, a lo que él contestó que si la filmaban en locaciones que estuvieran máximo a una hora de distancia de su casa, la hacía. Luego de hacer esta película, el actor casi decide retirarse porque pensaba que no podía hacer nada mejor. Felizmente no lo hizo.

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Por cierto, ¡cómo olvidar a la dulce Lolita (Alexis Dziena)!

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3. Hasta de zombie la rompe

Fue el momento inolvidable de “Zombieland”, aquel del que todo mundo hablaba luego de verla. Pese a que apareció solo por unos minutos, el tío Bill se robó la película completa. Es imposible sacarnos de la cabeza la escena de su muerte, una en la que pidió disculpas por haberse vendido a la industria al prestarle su voz a “Garfield” en dos películas, incluso arrancándole una risa a Emma Stone en la secuencia.

El propio Woody Harrelson expresó la emoción que todos sentimos cuando lo vimos en pantalla en el sorpresivo cameo.

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4. En la repetición está el gusto

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“Grounhog Day” es un clásico noventero de Harold Ramis, un proyecto en el que Bill Murray decidió participar básicamente porque le gustaba el concepto de la historia que contaba, al punto que se atrevió a decir que se trataba del mejor guión de 1993, año en el que fue estrenada. La película lo pone en el papel de un meteorólogo frustrado que termina viviendo el mismo día una y otra vez.

La amistad que lo une a Harold Ramis se vio perfectamente retratada en el momento más triste que he visto en la historia del Oscar reciente, cuando al tío Bill le tocó presentar junto a Amy Adams el Oscar a Mejor Fotografía en el 2014, poco después de la muerte del genio de la comedia. La categoría ha pasado al olvido, pero quedó en la historia el sentido y espontáneo homenaje que le rindió en la ceremonia.

5. Su mejor papel: “Lost in Translation”

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Obra maestra de Sofia Coppola, en esta película Bill Murray nos regala una performance histórica. Este debe ser el pico más elevado de su carrera, un papel que le valió el reconocimiento unánime de la crítica en la temporada del premios del 2004, alzándose con el Globo de Oro al Mejor Actor de Comedia del año, consiguiendo además una nominación al Oscar, la única en su carrera.

En esta película interpreta a una estrella de cine en decadencia, un hombre aburrido de lo que hace, que viaja a Tokyo para una millonaria campaña publicitaria. Fue Wes Anderson quien lo empujó a trabajar con Coppola, por lo que Murray sintió más presión por no decepcionarla. Y no lo hizo. Ni a ella ni a nadie. Este es el papel suyo al que regresamos una y otra vez para encontrar ese registro agridulce, que divaga entre el drama y la comedia, en el cual se ha especializado a lo largo de su extensa carrera.

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